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En los últimos tiempos se registra en la UE un incremento de los importes de deuda pública emitidos por los Estados miembros; el sector bancario es tradicionalmente el mayor inversor en estos activos, que dotan a su cartera de estabilidad y seguridad. Pero existe un estrecho vínculo entre el riesgo soberano y el riesgo bancario, que se manifiesta a través de cualquier shock que afecte a la calidad de la deuda pública, como sucedió a finales de 2025 en Francia. Ante episodios como este, el avance en la unión bancaria, con una estructura institucional, un supervisor común y mecanismos de resolución de crisis, ha supuesto una mejora para el control de riesgos de las entidades, que se refleja en una mayor diversificación de sus inversiones en deuda soberana de otros países europeos. 


Unión del mercado de capitales y solidez bancaria

El poder adquisitivo de los españoles está evolucionando de manera muy heterogénea. Factores como la obtención de un empleo, la posesión (o no) de una vivienda, la percepción de un determinado tipo de rentas o el efecto de los impuestos dan como resultado colectivos mejor y peor parados, algunos con mejoras muy superiores a la inflación y otros con pérdidas netas. De cara a 2026, la moderación del mercado laboral y la persistencia de la inflación tendrán un papel relevante en el progreso de la renta disponible per cápita, una de las grandes preocupaciones de la ciudadanía europea.

La dispar evolución del poder adquisitivo

Miguel Ángel González Simón, Funcas. Europa se ha comprometido a un incremento del gasto en defensa en los próximos años, pero la industria europea presenta dos debilidades: la fragmentación de su oferta y la baja colaboración entre las empresas de los Estados miembros. Con un mercado integrado, Funcas calcula que, en 2022, año de la invasión de Ucrania, Europa habría aumentado su producción millitar en 46.000 millones de euros. La cifra refleja el coste que supone la escasa dimensión y la atomización. La buena noticia es que el margen de mejora es amplio si se ahonda en el aumento de la productividad –vía escala– y en la colaboración entre países. Un planteamiento que, por cierto, tendría implicaciones para toda la política económica del Viejo Continente.

La fragmentación y la falta de cooperación le pasan factura a la defensa europea

La escalada que supone la entrada de EE. UU, en la guerra entre Irán e Israel supone un golpe para la economía mundial y, por supuesto, para la española. Los efectos más evidentes se pueden dar en la inflación, por la subida de los precios los carburantes y también del gas —que en nuestro país se emplea en una parte significativa de la producción de electricidad—, así como en el crecimiento, por la caída del consumo de los hogares. También los bancos centrales pueden pausar la senda de reducción de los tipos de interés a la espera de un entorno geopolítico de menor tensión. Raymond Torres, de Funcas, señala que el precio del petróleo podría llegar hasta los 150 euros por barril en el hipotético, aunque en este momento no tan probable, escenario de cierre del estrecho de Ormuz.

Consecuencias y riesgos económicos de la guerra en Oriente Medio

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