Impacto económico de la inteligencia artificial
Fecha: mayo 2026
Cuadernos de Información Económica, N.º 312 (mayo-junio 2026)
Sumario
La inteligencia artificial está siendo malinterpretada porque seguimos teniendo una visión simplista de la inteligencia humana. La IA no piensa como nosotros: funciona mediante reconocimiento probabilístico de patrones, razonamiento lógico e imitación, pero no posee creatividad genuina ni capacidad para formular preguntas originales. Por ello, muchas predicciones sobre una sustitución masiva e inmediata del trabajo humano son exageradas. Aunque la IA ya está reemplazando ciertas tareas de cuello blanco y aumentando la productividad, su impacto será gradual, desigual y dependerá de cómo las empresas y los países adopten la tecnología. Estados Unidos lleva ventaja frente a Europa, donde regulaciones, estructuras empresariales rígidas y modelos de gestión obsoletos frenan la innovación. La IA destruirá empleos, pero también creará nuevos sectores y transformará las competencias demandadas. El verdadero riesgo no es un colapso económico inmediato, sino la disrupción social y política derivada de esta transición tecnológica.
El eventual impacto económico de la inteligencia artificial (IA) está condicionado por la primera decisión que toman las empresas de adoptar la innovación o no. La teoría de la difusión tecnológica aporta conocimiento relevante para explicar por qué unas empresas adoptan antes que otras, y por qué empresas de características similares adoptan en tiempos distintos según el país donde están localizadas. Este trabajo explica diferencias de adopción de la IA entre empresas en los países y regiones de la Unión Europea con datos de la encuesta EU-ICT-Firm, a partir de diferencias estructurales entre ellos, por ejemplo, en el PIB pc, en el año 2025. Los resultados muestran que, como ha ocurrido con nuevas tecnologías en el pasado, la adopción de la IA se inicia antes y es más rápida en países con mayor nivel de desarrollo económico; de acuerdo con la teoría, la experiencia en el uso de la tecnología por los pioneros actúa como factor de aprendizaje que facilita su difusión posterior en el resto de países.
La irrupción de la inteligencia artificial generativa plantea interrogantes fundamentales sobre la organización del trabajo y la estructura del empleo en España. Este artículo combina tres fuentes de evidencia complementarias —los datos más recientes del mercado laboral español, las estimaciones internacionales de exposición ocupacional a la IA y la evidencia experimental sobre productividad— para estimar la magnitud y la distribución de los efectos esperables en el horizonte 2025-2035. La principal conclusión es que España presenta una exposición media-alta respecto a la media de la OCDE pero un riesgo real de automatización significativamente inferior, con una tasa de adopción empresarial que se está acelerando de forma notable: del 12,4 % en 2023 al 21,1 % en el primer trimestre de 2025.
El estallido de la contienda en el golfo Pérsico ha traído consigo un encarecimiento de los precios energéticos y de otras materias primas, elevando las presiones inflacionistas que ya arrastraba la economía española antes del conflicto. Sin embargo, el tensionamiento de los costes es de menor envergadura que en el momento de la guerra de Ucrania. Además, el ciclo expansivo se sustenta en factores internos que podrían mantenerse pese a la contienda, de modo que, en un escenario central, Funcas prevé un crecimiento del PIB del 2,2 % para 2026 y un 1,8 % para 2027. No obstante, en un escenario alternativo, consistente con un cierre prolongado del estrecho de Ormuz, el impacto en el PIB sería mucho más acusado, tanto en términos de crecimiento como de inflación.
La red de acuerdos comerciales de la UE no es homogénea entre los Estados miembros. Las exportaciones españolas de bienes están más expuestas a esa red que la media europea y responden con mayor intensidad cuando los acuerdos entran en vigor. La composición de esa respuesta también es diferente. Cuando los acuerdos involucran a mercados próximos y alejados con vínculo histórico o lingüístico, la intensificación de los flujos preexistentes explica la mayor parte de ese dinamismo. Cuando son países alejados sin esa relación previa, el crecimiento se concentra en la incorporación de nuevos productos a la cesta exportadora. Esta descomposición sugiere que el potencial exportador de los acuerdos recientes depende del perfil del socio firmante.
Desde la llegada de Donald Trump a la presidencia de EE. UU. se está produciendo una aceleración del proceso de cambio del viejo orden internacional que ha presidido el comportamiento de la economía mundial desde la Segunda Guerra Mundial. Un contexto económico y político en el que EE. UU. ha ejercido de epicentro y equilibrio de una economía mundial abierta, al ofrecer bienes públicos globales esenciales (defensa, seguridad, sistemas de pagos, etc.), mercados abiertos para el comercio y una moneda estable. Sin embargo, los tiempos están cambiando y la vieja potencia hegemónica busca reequilibrar el tablero, cobrando de manera más explícita por los servicios prestados (aranceles, mayor gasto en defensa de los aliados, objetivos de inversión directa, etc.). Un contexto en el que todo se pone en cuestión, incluso el privilegio exorbitante del dólar como moneda sobre la que ha pivotado el sistema financiero internacional en las últimas décadas.
El crecimiento de la intermediación financiera no bancaria (NBFI) ha redibujado, desde 2008, la arquitectura del crédito global. Dentro de ese universo —hoy mayor que el conjunto del sistema bancario—, el crédito privado concentra casi todas las dudas que preocupan al supervisor: rápida expansión, opacidad de valoración, mismatch entre activos ilíquidos y promesas de liquidez al inversor, dependencia financiera del banco al que pretende reemplazar y exposición concentrada en sectores cuyos modelos de negocios quedan en entredicho por el avance de la IA. Este artículo examina dos episodios paralelos, las solicitudes de reembolso en BDC evergreen estadounidenses y la expansión de las transferencias sintéticas de riesgo (SRT) en Europa, para argumentar que el riesgo de crédito se ha desplazado hacia balances y vehículos con marcos regulatorios menos exigentes, menor transparencia y mecanismos de disciplina de mercado diferentes a los bancarios. La conclusión no es alarmista, el cuadro encaja más con una tensión cíclica y sectorial que con una crisis sistémica en gestación, pero sí exigente con la agenda supervisora: mejor información, pruebas de estrés sistémicas y vigilancia de la circularidad entre banca y NBFI.
Este artículo analiza el impacto del riesgo geopolítico sobre la valoración de mercado del sector bancario y examina en qué medida el grado de internacionalización de las entidades puede actuar como un mecanismo de mitigación de dicho riesgo, con especial atención al caso de la banca española. En un contexto internacional caracterizado por conflictos armados, tensiones comerciales, sanciones económicas y un aumento generalizado de la incertidumbre global, los bancos se ven afectados tanto a través del deterioro de las expectativas macroeconómicas como del endurecimiento de las condiciones financieras y del aumento de las primas de riesgo. Frente a esta vulnerabilidad, el artículo pone de relieve una característica diferencial de la banca española: su elevado grado de internacionalización.
La entrada en vigor de Solvencia II en enero de 2016 supuso un cambio estructural en la regulación del sector asegurador europeo. El nuevo marco se concibió para reforzar la protección del tomador, mejorar la estabilidad financiera y fomentar la integración del mercado interior, todo ello sobre una base de medición del riesgo más realista y alineada con principios económicos. En estos casi diez años, el balance de su implantación ha sido, en general, favorable. El régimen ha contribuido a reforzar la resiliencia del sector, a elevar la calidad de la gobernanza interna y a homogeneizar los estándares de supervisión en la UE. La aplicación de principios de valoración de balance a mercado y la exigencia de capital ajustado al riesgo han supuesto una mejora respecto al anterior régimen Solvencia I, mucho más estático y apoyado en coeficientes fijos.

