Lo que la IA puede y no puede hacer

Cuadernos de Información Económica, N.º 312 (mayo-junio 2026)

Fecha: mayo 2026

Autores
Wolfgang Münchau*

Etiquetas
Inteligencia artificial, trabajo humano, disrupción social y política, productividad

Lo que la IA puede y no puede hacer

La inteligencia artificial está siendo malinterpretada porque seguimos teniendo una visión simplista de la inteligencia humana. La IA no piensa como nosotros: funciona mediante reconocimiento probabilístico de patrones, razonamiento lógico e imitación, pero no posee creatividad genuina ni capacidad para formular preguntas originales. Por ello, muchas predicciones sobre una sustitución masiva e inmediata del trabajo humano son exageradas. Aunque la IA ya está reemplazando ciertas tareas de cuello blanco y aumentando la productividad, su impacto será gradual, desigual y dependerá de cómo las empresas y los países adopten la tecnología. Estados Unidos lleva ventaja frente a Europa, donde regulaciones, estructuras empresariales rígidas y modelos de gestión obsoletos frenan la innovación. La IA destruirá empleos, pero también creará nuevos sectores y transformará las competencias demandadas. El verdadero riesgo no es un colapso económico inmediato, sino la disrupción social y política derivada de esta transición tecnológica.

Si tienes ideas erróneas sobre la inteligencia humana, es seguro que tampoco entenderás la inteligencia artificial, y mucho menos podrás evaluar su impacto económico. La forma en que concebíamos la inteligencia en el pasado era simplista y errónea. Redujimos un fenómeno multidimensional a una escala lineal unidimensional. Luego desarrollamos una métrica conveniente, el test de CI, para medirlo. Los economistas financieros hicieron lo mismo cuando desarrollaron las fatídicas métricas de value-at-risk, que desempeñaron un papel en la crisis financiera mundial al dar a los banqueros una falsa sensación de seguridad.

Nuestra arrogancia respecto a la inteligencia humana es la razón que subyace a muchos de los errores de juicio sobre la inteligencia artificial. Eric Schmidt, el antiguo director ejecutivo de Google, cree que la IA llegará a ser “tan inteligente como el matemático, físico, artista, escritor, pensador o político más brillante”. En este momento, el discurso sobre la IA abarca todo el espectro, desde la complacencia hasta el alarmismo. Los luditas de este mundo, entre los que se incluye a la mayoría de mi propia profesión, el periodismo, pero también a muchos economistas, han subestimado persistentemente el impacto de la IA. Los medios financieros europeos tienden a asociar la palabra “IA” con la palabra “burbuja”. Jason Furman, asesor económico jefe de Barack Obama y ahora profesor de Economía en Harvard, hizo recientemente un comentario revelador: “Hace unos meses, el debate giraba en torno a si la IA era o no una burbuja. Ahora se ha desplazado hacia si estamos a punto de entrar o no en una era radicalmente nueva”.

¿De verdad? Cualquiera que se haya ocupado seriamente de la IA y su tecnología subyacente sabe desde hace tiempo que la IA no sería una burbuja. Puede que algunas valoraciones de mercado hayan sido demasiado optimistas, pero eso es otra historia.

Cualquiera que se haya ocupado seriamente de la IA y su tecnología subyacente sabe desde hace tiempo que la IA no sería una burbuja. Puede que algunas valoraciones de mercado hayan sido demasiado optimistas, pero eso es otra historia

Quizás el error de juicio más común, al que es propensa la industria tecnológica, es acertar en la dirección de la previsión, pero equivocarse por completo en el momento. Una persona que llevó esto al extremo fue el director de Citrini Research, un analista financiero, que publicó un escenario ficticio de “Armagedón de la IA” que sumió brevemente a Wall Street en una espiral descendente, hasta que se dieron cuenta de que solo era una historia.

En esa historia, titulada “La crisis mundial de la inteligencia de 2028”1, el mercado bursátil estuvo a punto de colapsar. Se trataba de un relato distópico sobre cómo, para 2028, la IA se haría con una proporción cada vez mayor de los puestos de trabajo de oficina. El desempleo aumenta, la gente gasta menos dinero en servicios. Ya no se van de vacaciones y ya no pueden permitirse pagar sus hipotecas. El sistema financiero se derrumba. Por muy brillante que sea la historia, creo que es errónea, porque es demasiado optimista respecto a lo que la IA puede hacer. Antes de debatir qué hará la IA con la economía, vale la pena reflexionar sobre en qué es buena la IA y en qué no.

La tecnología que sustenta la IA moderna es la red neuronal. Lo que hace es reconocer patrones de forma probabilística a gran escala. El reconocimiento de patrones también constituye una parte poco valorada de la inteligencia humana. Consideramos que los grandes maestros del ajedrez son muy inteligentes. Gran parte de su habilidad reside en la memorización o en el dominio de un gran número de jugadas, combinado con un reconocimiento visual de patrones superior. Las pruebas de CI confunden estos conceptos. La IA puede realizar razonamientos lógicos aplicando las reglas de un sistema lógico de manera coherente. El razonamiento lógico humano, por el contrario, funciona de manera diferente. Incluye, al menos en cierta medida, la memorización y el reconocimiento de patrones.

El matemático Terrence Tao informó reciente-mente de que la IA logró encontrar un error en una de sus demostraciones. También logró elaborar por sí sola la demostración de una conjetura en matemáticas discretas. Pero no piensa como un matemático. En ese punto, Schmidt está completamente equivocado. Es buena respondiendo preguntas, pero no para formularlas. Algunas de las contribuciones más importantes a las matemáticas partieron de teorías interesan-tes, como el último teorema de Fermat, la conjetura de Goldbach o la hipótesis de Riemann, las tres relacionadas con la teoría de números.

La IA tampoco es verdaderamente creativa, pero destaca en la imitación. La IA mejora la escritura de mucha gente. Pero la IA es incapaz de escribir de forma original.

Adquirí cierta experiencia práctica con la IA cuando desarrollé por mi cuenta un sistema de IA, utilizando tecnologías de código abierto disponibles, para crear un servicio de noticias filtradas en mi área específica de interés: la economía europea. El sistema que desarrollé revisa una larga lista de fuentes de noticias de acceso público en la mayoría de los países europeos, las filtra, traduce, clasifica y luego resume. Se trata de una tarea nada trivial, incluso para la IA, ya que combina varias funciones diferentes. El resultado final es una lista mucho más filtrada que cualquier otra que pueda encontrar en Internet. Acierta en las cosas complicadas. Pero también se equivoca en las cosas fáciles. Por ejemplo, en una ocasión me dijo que Pedro Sánchez era el primer ministro de Israel. Y esto no es porque tenga sentido del humor.

Entender la IA con cierto nivel de profundidad es importante para el debate sobre el impacto de la IA en la productividad. Si la tratamos como una tecnología de caja negra, lo más probable es que nos equivoquemos.

En algunos sectores, la IA ya ha empezado a sustituir a los humanos. No aconsejaría a los jóvenes que se dedicaran a la redacción publicitaria o a la fotografía de eventos. Cuando la empresa de IA Anthropic presentó la plataforma Claude Cowork con complementos jurídicos, esta asumió el trabajo de los abogados junior y los asistentes jurídicos. Hace que los abogados sénior sean más productivos. Eliminó parte de la asistencia jurídica, pero no a los propios abogados.

Pero hay que tener cuidado con las predicciones generalizadas, como las de Schmidt. Incluso Geoffrey Hinton, el padrino de las redes neuronales —la tecnología en la que se basa la IA—, cometió un error de arrogancia. En 2016, predijo que, en un plazo de cinco años, la IA sustituiría a todos los radiólogos. Por aquel entonces, la IA se había vuelto muy buena detectando tumores en radiografías u otras imágenes médicas. Hinton debió pensar que mirar imágenes es lo que hacen los radiólogos todo el día. Su predicción fue completamente errónea. Según el Royal College of Radiologists, el Reino Unido contaba con 3318 radiólogos especialistas en 2014. Para 2024, esa cifra ha aumentado a 4923.

Hinton cayó en la clásica falacia del “monto fijo de trabajo” o del “pastel de tamaño fijo”. En nuestro caso concreto, la falacia consiste en la idea de que, si la IA se queda con la mitad de nuestros puestos de trabajo, el resto de nosotros tendremos que repartirnos la mitad restante. Esto es, en esencia, lo que también hizo el informe Citrini.

Así pues, en lugar de preguntarnos cómo afectará la IA a la economía, deberíamos empezar por preguntarnos: ¿qué efecto tendrá sobre el empleo de oficina existente? ¿Durante qué periodo? ¿Y acabará creando más puestos de trabajo de los que destruye?

El desarrollador de de IA e informático François Chollet comentó en una ocasión: “Soy tan mayor que recuerdo cuando se decía que los coches totalmente autónomos estarían listos para su despliegue masivo a finales de 2017”. En 2017, se pronosticaba que esto ocurriría a mediados de la década de 2020. El coche autónomo será una de las mayores innovaciones tecnológicas de todos los tiempos. La industria de los robotaxis ha logrado avances impresionantes, pero aún se encuentra en la cuarta de las cinco etapas de la conducción autónoma. En septiembre del año pasado, los robotaxis de Waymo habían recorrido 127 millones de millas recopilando datos sin conductor a bordo. Cuando alcancen la etapa cinco, estarán listos para un despliegue a mayor escala. Seguirán careciendo de intuición humana. No serán perfectos, pero serán mejores, en promedio, que los humanos porque no conducen enfadados, no exceden la velocidad, no beben alcohol y no envían mensajes de texto mientras conducen ni se quedan dormidos. Cuando lleguemos a la etapa final, Waymo habrá estado recopilando datos durante unos veinte años. Y cuando los coches y taxis autónomos se implementen finalmente, en ese momento ya no necesitaremos taxistas.

Aunque la IA elimine millones de puestos de trabajo de oficina, eso no significa que acabe con el empleo de oficina si surgen nuevas industrias. Ivan Yotzov et al2. presentaron los resultados de una investigación en un artículo del NBER que, a primera vista, apuntaría a una contradicción. Su encuesta reveló que los ejecutivos predicen que la IA aumentaría la productividad de sus empresas en un 1,4 % y reduciría el empleo en un 0,7 %. Los empleados, por el contrario, pensaban que aumentaría el empleo en un 0,5 %. Ambas afirmaciones pueden ser ciertas al mismo tiempo si las empresas existentes reducen su plantilla y las nuevas empresas contratan.

La IA ya ha tenido un impacto económico, y esto ya ha comenzado a reflejarse en los datos de productividad. Aún es pronto. Alexander Bick et al.3 analizaron encuestas empresariales de EE. UU. y Europa para determinar el impacto de la IA en la productividad. Descubrieron que, para el periodo 2019-2025, un aumento de 10 puntos porcentuales en la tasa de adopción de la IA en EE. UU. daría lugar a un aumento de la productividad acumulada de 2,9 puntos porcentuales. Los autores emitieron una advertencia sobre la interpretación de estas estadísticas, pero los datos parecen coincidir con el resultado de que el impacto de la IA en la productividad es real, aunque nada que ver con lo que sugeriría la alarmista historia de Citrini. Una de las salvedades que añadiría es que el estudio se refería al periodo comprendido entre 2019 y 2025. Los acontecimientos económicos realmente impo-tantes aún están por llegar, en particular la fabricación basada en la IA. Este es un ejemplo de que el pasado puede no ser un indicador fiable del futuro.

El informe también arroja luz sobre la diferencia en las tasas de adopción de la IA entre EE. UU. y la UE, y dentro de la propia UE. Se constató que en 2026, el 43 % de los empleados en EE. UU. la utilizará, frente al 32 % en la UE. EE. UU. también tiene una tasa de adopción de la IA para la producción manufacturera casi el doble. Como era de esperar, EE. UU. va por delante de Europa.

Pero quizá lo más llamativo sean las diferencias entre los países europeos que han adoptado la IA y los que se han quedado rezagados. El Reino Unido ocupa el primer puesto, con una tasa de adopción del 36 %, aunque sigue por detrás de Estados Unidos, mientras que Italia se sitúa en el último lugar, con un 26 %. El panorama general refleja la clásica división europea entre el norte y el sur, y entre el este y el oeste.

No es de extrañar que Estados Unidos vaya por delante de Europa. La IA moderna es una tecnología estadounidense. Los europeos no se hicieron ningún favor al empezar a regular antes incluso de tener una industria de la IA

Pero, ¿por qué es así? No es de extrañar que Estados Unidos vaya por delante de Europa. La IA moderna es una tecnología estadounidense. Los europeos no se hicieron ningún favor al empezar a regular antes incluso de tener una industria de la IA.

¿Por qué varía tanto la tasa de adopción entre los países de la UE? Esto se remonta a un problema bien conocido que ha sido ampliamente estudiado por los economistas: la baja tasa de adopción de ordenadores y tecnología de Internet en las empresas europeas. Se trata principalmente de una cuestión de prácticas de gestión, como nos recordaba Luis Garicano en un artículo reciente4.

La razón por la que Italia se quedó rezagada en la adopción de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) fueron unas prácticas de gestión obsoletas. He observado fenómenos similares en los últimos años en Alemania, especialmente en la industria automovilística. Las jerarquías de la industria automovilística impusieron visiones anticuadas, profundamente arraigadas en las tradiciones de ingeniería y gestión del siglo XX, una visión ajena a las nuevas tendencias tecnológicas.

No se trata solo de la industria automovilística. El director ejecutivo de Rheinmetall, la empresa alemana de defensa, ridiculizó los drones ucranianos alegando que sus principales fabricantes eran amas de casa con impresoras 3D. Supongo que su empresa probablemente no estará a la vanguardia del desarrollo de drones impulsados por IA. Italia inició su declive económico a principios de siglo. El crecimiento de la productividad alemana se ha estancado desde 2018. Los institutos económicos alemanes prevén un crecimiento potencial del 0,1 % a partir de 2030. Una de las razones de este declive es el apego estructural de Europa a las empresas y tecnologías antiguas. Europa fue en su día, pero ya no lo es, un lugar para emprendedores.

Otro factor, aún no ampliamente reconocido, que limitará el impacto de la IA en la productividad, son las leyes que impiden a las empresas despedir a los trabajadores y sustituirlos por IA. Esto ya está ocurriendo en China. El Tribunal Popular Intermedio de Hangzhou ha fallado en contra de una empresa que despidió a un trabajador y lo sustituyó por IA. El caso fue presentado por un empleado de una empresa de tecnología de » «, cuya función consistía en evaluar la calidad de los modelos de lenguaje a gran escala. No tengo constancia aún de ningún caso similar en Europa, pero es casi seguro que solo sea cuestión de tiempo. Dados los sólidos derechos de protección laboral de los trabajadores europeos, es difícil imaginar que las grandes empresas europeas logren mejorar su productividad despidiendo a trabajadores. Lo mejor que pueden hacer es aumentar la productividad de su plantilla actual.

En Estados Unidos no existirá tal protección. JP Morgan ha puesto en marcha lo que ha denominado “planes de reasignación de personal” para los próximos años, con un objetivo de reducción de plantilla del 10 % en operaciones y servicios de cuentas. Meta, la empresa propietaria de Facebook e Instagram, ya ha anunciado un re-corte del 10 % de su plantilla, unos 8.000 puestos de trabajo, no tanto por las ganancias de productividad a través de la IA, sino para compensar el coste de construir sistemas de IA. Los moderadores de contenido se encuentran entre el personal que la empresa está dispuesta a despedir.

Los conjuntos de datos de los que disponemos en este momento no nos ofrecen una visión completa y probablemente subestiman en gran medida la brecha entre Estados Unidos y Europa. No se me ocurre ninguna empresa europea que esté planeando recortes de plantilla para hacer sitio a la IA. El principal impacto de la IA provendrá de nuevas empresas con modelos de negocio propios de la era de la IA, o de empresas ya existentes que se expandan. La pregunta interesante es qué sucederá si estas empresas superan en competitividad a las tradicionales con una gran plantilla.

La IA se diferenciará de las innovaciones tecnológicas anteriores en un aspecto. El principal impacto de los cambios no recaerá sobre el extremo inferior de la escala de ingresos, sino sobre el segmento medio. Podría aumentar la productividad de las personas con bajo nivel educativo, pero podría suponer una presión para quienes se encuentran en el segmento medio

La IA se diferenciará de las innovaciones tecnológicas anteriores en un aspecto. El principal impacto de los cambios no recaerá sobre el extremo inferior de la escala de ingresos, sino sobre el segmento medio. Podría aumentar la productividad de las personas con bajo nivel educativo, pero podría suponer una presión para quienes se encuentran en el segmento medio. Cruces et al.5 describen en un reciente artículo del NBER una encuesta realizada a 1174 adultos de entre 25 y 45 años, que muestra que la IA beneficia más a las personas con un nivel educativo más bajo que a aquellas con un nivel educativo más alto.

Debemos tener cuidado aquí de no sacar conclusiones erróneas. La propia IA cambiará la educación. La memorización tendrá menos peso que el pensamiento crítico y original, tareas en las que la IA no destaca. La razón por la que los puestos administrativos de nivel medio son los más afectados por la IA es que estos trabajos son estructurados y repetitivos, y propensos a ser sustituidos por la IA. El empleado bancario que dedica su tiempo a revisar solicitudes de hipotecas será sustituido casi con toda seguridad. El director ejecutivo del banco, no. Los trabajadores manuales están a salvo de la IA por ahora, pero China ya está inmersa en el desarrollo de robots humanoides capaces de realizar tareas humanas. Incluso pueden correr maratones. Probablemente no deberíamos precipitar-nos a la hora de concluir quiénes serán los más afectados…

Pero estoy seguro de que la IA será el avance tecnológico más trascendental de nuestra era. La Revolución Industrial obligó a los seres humanos a trasladarse de las zonas rurales a las ciudades. Destruyó muchos puestos de trabajo agrícolas, pero creó otros tantos en el sector industrial. La invención de la electricidad acabó con el trabajo del farolero, que recorría las calles al anochecer para iluminar nuestros barrios. Eran los mecánicos de coches y los asistentes jurídicos de su época. La IA también destruirá puestos de trabajo. Pero su principal efecto económico es que, con el tiempo, hará que nuestras economías sean más productivas.

Sin embargo, causará trastornos en el camino. Pero nada parecido a lo que predicen Citrini o Schmidt. Me preocupan mucho menos los efectos económicos que los políticos. La Revolución Industrial empujó a los trabajadores a las ciudades, pero ¿adónde irán los trabajadores desplaza-dos por la IA? ¿Y a qué partidos políticos votarán?

Los países con mercados laborales flexibles, como Estados Unidos y, en menor medida, el Reino Unido, superarán esta transición económica y social más rápidamente que los países con un alto grado de protección del empleo, como Francia y Alemania. Estos últimos probablemente evitarán algunas de las perturbaciones a corto plazo, pero la contrapartida es que no se beneficiarán de las ganancias de productividad que derivarán de la IA más adelante.

Creo que la respuesta política óptima será dejar que este cambio se produzca y, al mismo tiempo, animar a las empresas y a sus empleados a diversificarse hacia nuevos sectores. Mi corazonada personal es que los europeos no seguirán este consejo.

Funcas

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