Polarización ideológica en España y el papel de la disputa partidista (1987-2024)
Fecha: junio 2026
Mariano Torcal* y Emily Carty**
Polarización, ideología política, extremismo ideológico, España
Panorama Social, N.º 43 (junio 2026)
RESUMEN
Este artículo analiza la evolución de la polarización ideológica de los ciudadanos españoles entre 1987 y 2024 a partir de datos del Centro de Investigaciones Sociológicas, y examina en qué medida esta polarización responde a la dinámica de la competencia partidista. Los resultados muestran un crecimiento sostenido del extremismo ideológico desde 2002, con un punto de inflexión claro a partir de las legislaturas de Rodríguez Zapatero y una aceleración notable durante los gobiernos de Sánchez. Pese a este incremento, en perspectiva comparada, el nivel de extremismo ideológico de los españoles no está entre los más elevados. El análisis mediante modelos mixtos longitudinales demuestra que la percepción ciudadana de la distancia ideológica entre los partidos —utilizada como proxy de la dinámica de la oferta y el liderazgo partidistas— es el predictor más robusto del extremismo individual, muy por encima de variables económicas o sociodemográficas. La polarización ideológica en España es, ante todo, un fenómeno de origen político.
1. Introducción
La polarización política es uno de los temas más invocados en el debate público español de los últimos años. Medios de comunicación, líderes políticos y analistas coinciden en diagnosticar una sociedad fracturada y una confrontación entre partidos sin precedente en la historia reciente de la democracia española. Este diagnóstico puede resultar intuitivo, pero rara vez descansa en evidencia sistemática: ¿cuánto ha aumentado realmente la polarización ideológica de los ciudadanos? ¿Cuándo empezó a crecer? ¿Y cuáles son sus causas? Son preguntas que merecen respuestas empíricas, no retóricas.
La contribución central de este artículo es mostrar que la polarización ideológica en España responde fundamentalmente a las estrategias de conflicto y competencia partidista y a cómo los ciudadanos las perciben, más que a las condiciones sociales y económicas del país. Esta tesis conecta con un debate amplio en la literatura comparada. La perspectiva top-down sostiene que son los partidos y sus líderes quienes, a través de sus estrategias de confrontación, generan señales que empujan a los ciudadanos hacia posiciones más extremas (Levendusky, 2009; Fiorina y Abrams, 2009; Medina, 2013). En el caso español, varios trabajos apuntan en esta misma dirección. Como se ha señalado, la irrupción de nuevos partidos en los extremos del espectro transformó la oferta y con ella los niveles de polarización del electorado (Rodríguez-Virgili et al., 2022; Simón, 2020). Además, las estrategias de polarización adoptadas deliberadamente por las élites —en particular la de Ciudanos, imitada luego por el PP— reconfiguraron el posicionamiento de los votantes conservadores (Rodríguez-Teruel, 2022). La perspectiva bottom-up, en cambio, atribuye la polarización a tensiones sociales y económicas preexistentes a las que los partidos simplemente responden (Anria y Roberts, 2026). Examinar cuál de estas lógicas prevalece en España requiere datos longitudinales robustos y una estrategia analítica que permita separar ambos tipos de factores.
«La perspectiva top-down sostiene que son los partidos y sus líderes quienes, a través de sus estrategias de confrontación, generan señales que empujan a los ciudadanos hacia posiciones más extremas»
Para responder a esta pregunta se utilizan series de los barómetros mensuales del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) para el período 1987-2024, que permiten construir indicadores longitudinales de extremismo ideológico. Como proxy de la dinámica de la competencia y el liderazgo partidista se emplea la percepción ciudadana de la distancia ideológica entre los partidos —un indicador que capta cómo los ciudadanos procesan las señales que emite la oferta política—. La estrategia empírica central es un modelo mixto multinivel con intercepto aleatorio por oleada, que permite descomponer la varianza del extremismo individual e identificar qué parte corresponde a factores contextuales políticos y qué parte a factores económicos o sociodemográficos.
El artículo se organiza del siguiente modo. El apartado segundo clarifica los conceptos e indicadores empleados. El tercero analiza la evolución temporal de la polarización ideológica en España. El cuarto sitúa el caso español en perspectiva comparada. El quinto presenta los resultados del análisis multinivel y discute la relación entre la percepción de la oferta partidista y el extremismo ideológico ciudadano. El artículo concluye con una reflexión sobre las implicaciones de estos resultados.
2. Conceptos e indicadores
La polarización ideológica, en su definición más extendida, refiere al proceso por el cual los ciudadanos adoptan posiciones más extremas en el espectro izquierda-derecha, alejándose del centro. Esta dimensión —denominada también extremismo ideológico— es conceptualmente distinta de otras formas de polarización. En particular, conviene diferenciarla de la percepción ciudadana de la polarización de la oferta partidista, que mide cómo perciben los ciudadanos el posicionamiento ideológico de los partidos y la distancia entre ellos —un indicador popularizado por Dalton (2021)—. En este ultimo caso, se trata de una evaluación de la oferta política y del liderazgo partidista, no de las posiciones del propio ciudadano.
Esta distinción resulta crucial para el argumento del artículo. La percepción de la oferta no es simplemente un termómetro de lo que hacen los partidos: es la señal a través de la cual los ciudadanos pueden actualizar su propio posicionamiento. Cuando los partidos intensifican su confrontación y se distancian ideológicamente, los ciudadanos que perciben ese distanciamiento tienen incentivos para redefinir su propia posición en relación con la oferta disponible (Medina, 2013). Este mecanismo —denominado en la literatura partisan sorting o alineamiento partidista— implica que la radicalización ciudadana no precede a la de las élites, sino que la sigue (Levendusky, 2009; Rodríguez-Teruel, 2022). En España, este proceso se ha visto probablemente intensificado por la entrada de nuevos partidos en los extremos del espectro —Podemos y Vox—, que han ampliado el rango de la oferta y con ello el espacio de posicionamiento disponible para los ciudadanos (Simón, 2020).
Para medir la polarización ideológica de los ciudadanos, se utilizan dos indicadores complementarios construidos a partir de las escalas izquierda-derecha del CIS (escala 1-10). El primero es el extremismo ideológico individual: la desviación media en valor absoluto de la posición de cada entrevistado respecto a la media del conjunto de la muestra para ese año. El segundo es un índice agregado anual de polarización bipolar, que combina el tamaño de los dos extremos —izquierda (1-4) y derecha (7-10)— y alcanza su valor máximo cuando ambos crecen de forma simultánea. Que ambos indicadores converjan en sus tendencias otorga solidez a los hallazgos y descarta que el patrón observado sea un artefacto del método de medición. Para cada año se utiliza un único barómetro —aquel que incluye las variables necesarias para los análisis—, y no la media de los barómetros disponibles ese año.
La percepción de la polarización ideológica de la oferta partidista se construye a partir de la pregunta del CIS en la que se pide a los entrevistados que sitúen a los principales partidos en la escala ideológica, calculando luego la distancia media ponderada entre las posiciones percibidas. Este indicador sirve como proxy de la dinámica de competencia y liderazgo partidistas: capta en qué medida los ciudadanos perciben que los partidos se han radicalizado o distanciado entre sí.
3. La evolución de la polarización ideológica en España (1987-2024)
La serie del CIS permite reconstruir con detalle la evolución del posicionamiento ideológico de los españoles durante casi cuatro décadas. El gráfico 1 muestra la proporción de ciudadanos que se ubican en posiciones de izquierda (1-4) y de derecha (7-10), como porcentaje de quienes se sitúan en la escala. La izquierda es, a lo largo de todo el período, el bloque más numeroso, aunque retrocede de forma apreciable desde sus máximos de finales de los años ochenta y principios de los noventa hasta tocar su nivel más bajo a comienzos de los 2000, recuperándose después solo en parte. La derecha, por su parte, se mantiene en niveles comparativamente bajos y estables durante casi toda la serie y solo crece de forma marcada en los últimos años, hasta alcanzar en 2022-2024 sus valores más altos. Tomando mediados de los años noventa como punto de referencia, la pauta contemporánea más relevante es este crecimiento de la derecha, que anticipa el proceso de polarización que los índices del apartado siguiente permiten cuantificar.

«Tomando mediados de los años noventa como punto de referencia, la pauta contemporánea más relevante es este crecimiento de la derecha»
Cuando este patrón se traduce en índices de polarización, la tendencia se confirma con nitidez. El gráfico 2 recoge la evolución de los dos indicadores descritos en el apartado anterior. Ambos muestran un crecimiento sistemático desde 2002, y ese crecimiento se acelera de forma especialmente notable a partir de 2008. La consistencia entre los dos indicadores —uno individual, el otro agregado, con lógicas de construcción distintas— da robustez al hallazgo.

La lectura por ciclos presidenciales permite precisar cuándo se inicia y cómo se acelera este proceso (gráfico 3). El aumento del extremismo ideológico comienza a gestarse con la llegada al poder de Rodríguez Zapatero en 2004, en un contexto marcado por el impacto de los atentados del 11-M y la reacción que genera su inesperada victoria. El crecimiento se consolida durante las legislaturas de Rajoy y alcanza sus valores máximos durante los gobiernos de Sánchez. Una pauta llamativa es que el extremismo tiende a crecer especialmente cuando el PP ocupa la oposición, lo que apunta a dinámicas de reacción y movilización ideológica asociadas a la dinámica de la lucha por el poder. A este factor hay que sumar la irrupción de Podemos por la izquierda y de Vox por la derecha, que ha ampliado el espectro ideológico de la oferta y ofrecido referentes más extremos con los que posicionarse.

4. España en perspectiva comparada
Una de las afirmaciones más repetidas en el debate público es que España es uno de los países más polarizados del mundo. Sin embargo, esta afirmación merece ser examinada con cuidado, porque buena parte de los estudios que la sostienen no miden directamente el extremismo ideológico de los ciudadanos. Trabajan, en cambio, con indicadores de polarización de la oferta partidista —es decir, la distancia percibida entre los partidos— que dependen tanto del número como de la distribución ideológica de las fuerzas en competición. En sistemas muy fragmentados o con partidos en los extremos del espectro, este índice tiende a ser elevado con independencia de dónde se sitúen los propios ciudadanos. Confundir ambas dimensiones lleva a sobreestimar la radicalización real del electorado (Dalton, 2021).
«En términos relativos, España se sitúa por encima de la media internacional, aunque lejos de los casos más polarizados»
Cuando el extremismo ideológico se mide directamente sobre la población en su conjunto —y no solo entre identificadores partidistas, que son ya de por sí más comprometidos y motivados políticamente—, el diagnóstico cambia. El gráfico 4 compara 58 casos electorales de distintos países utilizando esta medida. España en 2023 muestra un nivel de extremismo claramente superior al de elecciones españolas anteriores, lo que confirma el crecimiento documentado en la sección anterior. Pero en términos relativos, España se sitúa por encima de la media internacional, aunque lejos de los casos más polarizados: países como Estados Unidos, Argentina o Brasil presentan niveles sustancialmente más elevados, mientras que España es comparable a otras democracias europeas de su entorno como Italia o Francia. El diagnóstico catastrofista habitual sobreestima, pues, la singularidad española.

5. Polarización ideológica y percepción de la oferta partidista
El análisis de la polarización ciudadana cobra mayor interés cuando se examina su relación con la percepción que los propios ciudadanos tienen de la distancia ideológica entre los partidos. El gráfico 5 muestra la evolución de esta percepción por ciclos presidenciales. El paralelismo con la evolución del extremismo ideológico es notable: ambas tendencias siguen una trayectoria ascendente semejante, especialmente desde las legislaturas de Zapatero. Este paralelismo descriptivo constituye el punto de partida para un análisis más sofisticado sobre el papel que puede jugar la competencia partidista.

Para examinar de forma más rigurosa si la percepción de la oferta partidista tiene una relación clara con el extremismo individual —y en qué medida esto ocurre una vez controladas las variables económicas y sociales— se estiman una serie de modelos mixtos con intercepto aleatorio por año (cuadro 1). Esta estrategia permite aprovechar la estructura longitudinal de los datos: los individuos están anidados en las encuestas del CIS, y las variables contextuales varían a ese nivel temporal. Los modelos se especifican de forma progresiva, incorporando primero la variable principal y los controles individuales, y añadiendo después las variables contextuales una a una y en conjunto.


La variable dependiente es el extremismo ideológico individual. La variable de interés principal es la percepción de la polarización ideológica de la oferta partidista, agregada a nivel de oleada. Las variables contextuales incluyen indicadores económicos (desigualdad Gini, gasto social, renta per cápita y desempleo), socioestructurales (número efectivo de partidos, porcentaje de inmigración, competencia electoral) y de ciclo político por presidencias medidas con variables dicotómicas. Los controles individuales comprenden posición ideológica, sexo, nivel educativo, edad y práctica religiosa.
«La percepción de la polarización de la oferta es, con diferencia, el predictor más robusto del extremismo ideológico individual»
Los resultados son inequívocos respecto al papel de la dinámica partidista. La percepción de la polarización de la oferta es, con diferencia, el predictor más robusto del extremismo ideológico individual: su coeficiente es de 0,413 (p < 0,001) en el modelo base y se mantiene prácticamente invariable en todos los modelos, con independencia de las variables contextuales que se incluyan. Esto significa que un incremento de una unidad en la percepción de distancia entre los partidos se asocia, en promedio, con un aumento de 0,413 puntos en el extremismo individual, una magnitud considerablemente mayor que la de cualquier otro predictor.
Este hallazgo es consistente con la hipótesis top-down: los ciudadanos que perciben que los partidos se han radicalizado y distanciado entre sí tienden a adoptar ellos mismos posiciones más extremas. La percepción de la oferta actúa como señal que orienta el posicionamiento individual. Este mecanismo sugiere que la crispación promovida desde la cúspide del sistema político —los líderes, los partidos, la competición parlamentaria y mediática— tiene un eco real en la ciudadanía y no es un fenómeno limitado a las élites.
Entre los controles individuales, la posición ideológica (0,113) y la práctica religiosa intensa (0,402) son los predictores más potentes. En el primer caso muestra que los ciudadanos de derecha son los que se han radicalizado más. Las mujeres muestran sistemáticamente menor extremismo que los hombres (–0,078 a –0,094). La educación tiene efectos menos consistentes: la educación secundaria superior muestra un efecto positivo en algunos modelos, mientras que los niveles superiores no alcanzan significación robusta en los modelos completos con todas las variables.
Entre las variables contextuales, el número efectivo de partidos presenta un efecto negativo significativo en los modelos completos (–0,116, p < 0,05). Contrariamente a lo que podría esperarse, una mayor fragmentación del sistema de partidos se asocia con menor extremismo individual. Este resultado sugiere que los sistemas multipartidistas, al ofrecer un espectro más amplio de opciones, pueden canalizar preferencias diversas sin necesidad de que los ciudadanos se desplacen hacia los extremos. Es en los sistemas más bipolares, con dos grandes bloques en confrontación directa, donde la presión hacia la radicalización parece mayor.
Las variables económicas muestran efectos muy modestos y poco consistentes entre modelos. El gasto social presenta un efecto positivo marginal en el modelo completo (0,082, p < 0,05), pero desaparece en la especificación alternativa. La desigualdad, el desempleo, la renta per cápita y la inmigración no alcanzan significación estadística en los modelos completos. Las dicotómicas que miden las distintas presidencias tampoco muestran efectos robustos una vez que se controla por la percepción de la oferta, lo que sugiere que la influencia del ciclo político queda capturada fundamentalmente por esa variable.
En conjunto, estos resultados apoyan con claridad la interpretación de la polarización ideológica en España como un fenómeno fundamentalmente político, no económico ni sociodemográfico. La percepción de la radicalización de la oferta partidista —que funciona como proxy del tipo de competición y liderazgo que los partidos proyectan— es el motor principal del extremismo ciudadano. Las condiciones económicas y estructurales tienen un papel secundario y poco robusto.
6. Reflexiones finales
La polarización ideológica en España es un fenómeno real, creciente y de origen fundamentalmente político. Los datos del CIS para el período 1987-2024 muestran que desde 2004 los ciudadanos españoles se han ido desplazando paulatinamente hacia los extremos del espectro ideológico, con una aceleración notable a partir de 2008 y especialmente durante los gobiernos de Sánchez. Pese a este crecimiento, la perspectiva comparada matiza el diagnóstico catastrofista habitual: en términos de extremismo ideológico, España se sitúa en un nivel alto, pero comparable al de otras democracias europeas y muy alejado de los casos más radicalizados del mundo.
El resultado más relevante de este artículo es el que aporta el análisis multinivel: la percepción ciudadana de la distancia ideológica entre los partidos —utilizada como proxy de la dinámica de la oferta y el liderazgo— es el predictor más potente y robusto del extremismo individual, muy por encima de las variables económicas y sociodemográficas. Este hallazgo es consistente con la hipótesis top-down y pone el foco de atención donde probablemente corresponde: en la competición partidista, en los incentivos que tienen los partidos para radicalizar su discurso y en los efectos de esta estrategia sobre la opinión pública.
Esta conclusión tiene implicaciones importantes. Sugiere que la polarización ideológica en España no es principalmente el reflejo de una sociedad desgarrada por desigualdades económicas o conflictos estructurales irresolubles, sino en buena medida el producto de dinámicas políticas que podrían, en principio, orientarse de forma diferente. La moderación o intensificación de la crispación entre élites tiene efectos reales sobre el grado de radicalización ideológica de los ciudadanos. La responsabilidad de los actores políticos en la gestión del nivel de polarización es, por tanto, considerable.
«La moderación o intensificación de la crispación entre élites tiene efectos reales sobre el grado de radicalización ideológica de los ciudadanos»
Quedan abiertas varias preguntas para investigación futura. Primera, la dirección causal exacta: aunque la evidencia presentada es coherente con la hipótesis top-down, un diseño de series temporales con desfases permitiría examinar con mayor rigor si la percepción de la oferta precede temporalmente al extremismo ciudadano o si ambos se retroalimentan. Segunda, los mecanismos mediadores: ¿a través de qué procesos se transmite la señal de la oferta a la demanda? ¿Qué papel juegan los medios, las redes sociales y la movilización de los partidos? Estas preguntas, que rebasan el alcance de este artículo, constituyen la agenda de investigación más urgente para entender la polarización ideológica española contemporánea.
Nota metodológica
Los indicadores de polarización ideológica se construyen a partir de los barómetros mensuales del CIS para el período 1987-2024. El extremismo ideológico individual es la diferencia en valor absoluto entre la posición de cada entrevistado en la escala izquierda-derecha (1-10) y la media muestral de cada año. El índice agregado es un índice de polarización bipolar, calculado como 2·√(p._izq.·p._der.), donde p._izq. y p._der. son las proporciones anuales de ciudadanos en posiciones de izquierda (1-4) y de derecha (7-10); por construcción alcanza su valor máximo cuando ambos extremos son grandes de forma simultánea. Para cada año se utiliza un único barómetro —el que contiene las variables necesarias para los análisis— y no la media de los barómetros del año. Por esta razón, los años en los que ningún barómetro recogía esas variables quedan excluidos de las series y de los modelos, lo que explica que el número de olas analizadas sea inferior al número de años del período.
La serie del CIS ha experimentado cambios metodológicos relevantes a lo largo del período que conviene tener presentes al interpretar su evolución temporal. Hasta marzo de 2020 los barómetros se realizaron mediante entrevista personal (presencial) y, salvo excepciones, sin ponderación. Entre abril de 2020 y octubre de 2023 pasaron a realizarse por teléfono (sistema CATI) y con ponderación por sexo y edad. Desde noviembre de 2023 se mantienen por CATI y con ponderación, incorporando además el nivel de estudios como variable de ajuste. Estos cambios en el modo de administración y en la ponderación pueden introducir cierta discontinuidad en las series y deben tenerse en cuenta al comparar los valores anteriores y posteriores a 2020.
La percepción de la polarización de la oferta partidista se calcula a partir de la pregunta del CIS que solicita a los entrevistados que sitúen a los partidos en la escala ideológica; se obtiene la distancia media ponderada entre las posiciones percibidas de los principales partidos siguiendo el índice de Dalton (2021).
Los modelos mixtos con intercepto aleatorio por oleada se estiman con la función lmer del paquete lme4 en R. Las variables contextuales se centran en su media para facilitar la interpretación. Dado el reducido número de unidades de nivel 2 (aproximadamente 20-26 olas), se adopta un umbral de significación de p < 0,10 para las variables agregadas, lo que es habitual en este tipo de diseños con pocos grados de libertad en el nivel macro.
Enunciados literales de las preguntas empleadas. Escala ideológica (CIS): «Cuando se habla de política se utilizan normalmente las expresiones izquierda y derecha. En esta tarjeta hay una serie de casillas que van de izquierda a derecha. ¿En qué casilla se colocaría usted?» (escala 1-10). Posicionamiento de partidos (CIS): “¿Y los siguientes partidos?” (misma escala 1-10).
Bibliografía
Anria, S., y Roberts, K. M. (2026). Latin America’s” New” Polarization: A Multidimensional Approach. En Polarization and Democracy in Latin America. University of Chicago Press.
Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Barómetros mensuales 1987-2024. https://www.cis.es
Dalton, R. J. (2021). Modeling ideological polarization in democratic party systems. Electoral Studies, 72, 102346.
Fiorina, M. P., y Abrams, S. J. (2009). Political polarization in the American public. Annual Review of Political Science, 11, 563-588.
Levendusky, M. (2009). The partisan sort: How liberals became Democrats and conservatives became Republicans. University of Chicago Press.
Medina, L. (2013). Partisan supply and voters’ positioning on the left-right scale in Europe. Party Politics, 21(5), 842-865.
Rodríguez-Teruel, J. (2022). Polarisation and electoral realignment. En A. Rama, J. Martín-Cortés e I. Jurado (eds.), The politics of polarisation (pp. 35-56). Routledge.
Rodríguez-Virgili, J., Serrano-Puche, J., y Fernández-Astobiza, I. (2022). Cuarenta años de polarización ideológica en España. Revista Empresa y Humanismo, 25(2), 57-90.
Simón, P. (2020). Two-bloc logic, polarisation and coalition government: The November 2019 general election in Spain. South European Society and Politics, 25(3-4), 519-552.
Torcal, M. (2023). De votantes a hooligans: Polarización política en España. Catarata. 
Notas
* Universitat Pompeu Fabra (mariano.torcal@upf.edu).
** Universidad de Salamanca (emily.carty@usal.es).
