Homogamia educativa y origen social en la formación de parejas en España
Fecha: junio 2026
Rita Trias-Prats* y Albert Esteve**
Formación de parejas, homogamia, nivel educativo, acumulación intergeneracional, capital educativo
Panorama Social, N.º 43 (junio 2026)
RESUMEN
La homogamia educativa constituye uno de los principales mecanismos de reproducción social en las sociedades contemporáneas. Este artículo analiza una dimensión escasamente explorada: el papel del nivel educativo de la familia de origen, tanto de los padres como de los suegros, en la formación de parejas en España. A partir de datos de la ECEPOV 2021 para personas de 25 a 44 años, examinamos si el origen familiar condiciona las pautas de emparejamiento más allá del nivel educativo individual. Los resultados muestran que tener progenitores con estudios universitarios se asocia con una mayor frecuencia de emparejamiento con personas del mismo nivel, especialmente entre las mujeres. Asimismo, se observa una acumulación intergeneracional del capital educativo: quienes tienen padres universitarios tienden a emparejarse con personas de origen educativo igualmente elevado. Estos hallazgos sugieren que el origen social sigue estructurando el mercado matrimonial español como mecanismo adicional de reproducción social.
1. Introducción
Lejos de responder al azar, la formación de parejas tiende a reproducir las fronteras sociales existentes, emparejando de manera sistemática a individuos de una misma condición social. Sin embargo, la lógica de los emparejamientos no es estática: varía en el tiempo y el espacio y está determinada por la distribución y la disponibilidad de individuos en el mercado matrimonial, así como por las preferencias individuales (Blossfeld, 2009; Kalmijn, 1998). En las sociedades occidentales contemporáneas, una parte considerable de estos emparejamientos ocurre entre personas del mismo nivel educativo, convirtiendo la educación en un elemento clave en la estructuración del mercado matrimonial. El nivel educativo no solo refleja recursos económicos y culturales, sino que organiza, tanto física como culturalmente, los espacios de encuentro (Carabaña, 1983). De hecho, una proporción significativa de las parejas se forma en contextos fuertemente estratificados por nivel educativo: la universidad, entornos laborales, espacios de ocio y plataformas virtuales (Blossfeld, 2009; Kalmijn, 1998). El nivel educativo estructura, por tanto, las oportunidades de encuentro y las preferencias individuales, orientando la elección de pareja hacia personas de perfil similar.
«Analizamos si los niveles de homogamia educativa, entendida como la propensión a unirse entre iguales, varían en función del nivel educativo familiar»
En este contexto, en el presente artículo incorporamos una dimensión adicional a los estudios sobre homogamia educativa realizados hasta la fecha en España: la influencia del nivel educativo de los padres en la formación de parejas. Analizamos si los niveles de homogamia educativa, entendida como la propensión a unirse entre iguales, varían en función del nivel educativo familiar. En concreto, nos preguntamos si las personas con estudios universitarios cuyos padres también los tienen son más homógamas que aquellas con el mismo nivel educativo, pero cuyos padres no tienen estudios universitarios. Esta cuestión es clave para entender cómo la educación adquirida y la heredada de los padres pueden reforzarse mutuamente en el mercado matrimonial, con implicaciones para los niveles de homogamia. A pesar de su relevancia, esta dimensión ha sido escasamente explorada tanto en el contexto español como en la literatura internacional, lo que justifica la pertinencia y originalidad de este estudio.
Para responder a esta pregunta, utilizamos los datos de la Encuesta de Características Esenciales de la Población y las Viviendas
(ECEPOV), realizada en 2021 por el Instituto Nacional de Estadística (INE). A diferencia de censos y encuestas anteriores, esta fuente incluye información sobre el nivel educativo de los progenitores de los encuestados y el de los progenitores de sus parejas. El estudio se centra en personas de entre 25 y 44 años que conviven en pareja con personas de distinto sexo, dada la menor representación estadística de las parejas del mismo sexo en la muestra.
2. Antecedentes
La formación de la pareja es un acto central en la reproducción social de las poblaciones (Kalmijn, 1998). Cuando personas de un mismo grupo social se emparejan y tienen descendencia contribuyen a la transmisión intergeneracional del estatus y la clase social. La elección de pareja tiene, por tanto, implicaciones relevantes para la formación familiar y para el mantenimiento de las fronteras entre grupos sociales. La evidencia empírica muestra que las personas tienden a unirse con quienes comparten características similares (Blossfeld, 2009; Esteve y Cortina, 2006; Kalmijn, 1998). Cuando la similitud se refiere a la pertenencia a un grupo étnico, cultural o religioso se habla de endogamia; cuando se refiere a características de estratificación social, como el nivel educativo o los ingresos, se utiliza el término homogamia. Entre estas dimensiones, la educación ha adquirido un protagonismo creciente en las sociedades contemporáneas (Kalmijn, 1998), desplazando progresivamente a la adscripción étnica y la religión, como principal eje estructurador del emparejamiento.
Las pautas de emparejamiento resultan de la interacción entre tres grandes factores: las preferencias individuales, la influencia de terceros y las oportunidades estructurales del mercado matrimonial (Kalmijn, 1998). En primer lugar, las preferencias individuales combinan expectativas económicas y culturales sobre lo que se considera una pareja deseable. En segundo lugar, en sociedades occidentales contemporáneas, la influencia directa de terceros —como la familia— en la elección de pareja es limitada, y predomina la idea de libre elección del cónyuge. Sin embargo, los patrones observados siguen reflejando una clara estructuración social. En tercer lugar, las oportunidades estructurales hacen referencia a la disponibilidad de personas con ciertas características en un mercado matrimonial determinado. El nivel educativo emerge, en este contexto, como una de las dimensiones más relevantes: estructura los espacios de encuentro, orienta las preferencias hacia personas de perfil educativo similar y condiciona las trayectorias vitales y laborales de los individuos.
En España se observa una tendencia clara a formar pareja con personas de un mismo nivel educativo (Carabaña, 1983; Esteve y Cortina, 2006), especialmente en los extremos de la jerarquía, los niveles más altos y los más bajos. Espacios como las universidades y los entornos laborales actúan, en este sentido, como ámbitos privilegiados de encuentro y socialización donde se forman muchas parejas. A medida que la educación secundaria se generaliza —en España, esta es obligatoria hasta los 16 años— y una proporción creciente de la población accede a estudios superiores, el título universitario se convierte en una frontera simbólica y material cada vez más relevante en la estructuración del mercado matrimonial (Hirschl et al., 2024). Su posesión marca diferencias sustantivas en la inserción laboral, las expectativas salariales y las preferencias culturales, diferencias que también se proyectan sobre el mercado matrimonial.
«El aumento de la homogamia educativa en España se ha visto reforzado por la notable expansión educativa de las últimas décadas»
El aumento de la homogamia educativa en España se ha visto reforzado por la notable expansión educativa de las últimas décadas, protagonizada especialmente por el acceso creciente de las mujeres a la educación superior. Entre 2014 y 2024, la proporción de población con estudios superiores entre los 25 y 44 años pasó, en promedio, del 37 al 43 por ciento en hombres y del 47 al 57 por ciento en mujeres (INE, 2026). La educación superior no solo se asocia a diversos beneficios, como mayores ingresos, mejores oportunidades laborales y mejores condiciones de salud, sino que estas ventajas refuerzan la tendencia a buscar pareja dentro del mismo grupo educativo. A medida que aumenta la población universitaria y la pertenencia a este grupo resulta más determinante para la posición social, mayor es la probabilidad de formar pareja dentro del mismo (Esteve y Cortina, 2006).
Junto con la expansión educativa, se ha producido una inversión en la brecha de género: la proporción de mujeres con estudios superiores ha superado a la de los hombres (De Hauw et al., 2017). Esto implica que, desde un punto de vista estructural, no todas las mujeres con estudios superiores tienen la posibilidad de emparejarse con un hombre del mismo nivel educativo. Como respuesta a esta transformación estructural, cada vez son más las mujeres universitarias que se emparejan con hombres de menor nivel educativo, contribuyendo de esta manera a que la hipogamia (mujeres emparejadas con hombres de menor nivel educativo) supere a la hipergamia (mujeres emparejadas con hombres de mayor nivel educativo) (De Hauw et al., 2017; López-Rodríguez y Gutiérrez, 2023).
El aumento de la educación superior conlleva, sin embargo, que dentro de su grupo aparezcan elementos adicionales de diferenciación que puedan condicionar los niveles de homogamia. Una línea de investigación ha sido observar la homogamia educativa universitaria en función del campo de estudio, para identificar qué disciplinas conllevan una mayor homogamia. Otra línea se ha dedicado a investigar cómo variables adscritas, como el origen migratorio o la pertenencia étnica de las personas, interactúan con la educación a la hora de formar pareja.
En este trabajo nos preguntamos si las pautas de emparejamiento entre personas con estudios universitarios varían en función del nivel educativo de sus familias de origen —tanto el de los padres como el de los suegros—. Si bien es habitual analizar la influencia del nivel socioeconómico y la educación de los padres sobre el desarrollo profesional, educativo y económico de los hijos e hijas como evidencia de la transmisión intergeneracional de la desigualdad y la movilidad social (Bernardi y Ballarino, 2016), el impacto sobre la homogamia educativa ha sido menos estudiado, aunque cabría esperar que constituyera una de las principales vías de transmisión intergeneracional de (des)ventajas. La ausencia de trabajos sobre este tema se debe probablemente a la escasez de fuentes de datos adecuadas, ya que los estudios de homogamia suelen basarse en censos, encuestas o registros de naturaleza transversal que no recogen información sobre la familia de origen. Los datos de la ECEPOV, en cambio, sí proporcionan esta información.
Considerar la influencia de la educación de los padres sobre la homogamia educativa de los hijos e hijas no remite a la idea clásica de los matrimonios concertados, sino a mecanismos más sutiles pero efectivos, como la socialización, el acceso a ciertos espacios de encuentro, la configuración de las preferencias individuales y las expectativas diferenciales según el origen social. Nuestra hipótesis de partida es que los hijos e hijas de padres universitarios se emparejarán en mayor medida con personas con estudios superiores que aquellos cuyos padres no tienen ese nivel educativo. Por tanto, a medida que la educación superior se expande y resulta menos selectiva, el origen social puede adquirir un papel más relevante como mecanismo adicional de estratificación en el mercado matrimonial (Blackwell, 1998).
«Las redes familiares y el capital social asociado al origen pueden seguir influyendo en las oportunidades de emparejamiento»
Los argumentos teóricos al respecto, no obstante, no apuntan en una única dirección. Por un lado, el acceso de individuos de distintos orígenes sociales a niveles educativos elevados puede aumentar las oportunidades de contacto entre ellos, reduciendo las fronteras entre grupos y favoreciendo la formación de parejas heterogéneas en términos de origen social. Por otro lado, las redes familiares y el capital social asociado al origen pueden seguir influyendo en las oportunidades de emparejamiento, reforzando la tendencia a formar uniones dentro de determinados grupos sociales. La combinación de educación adquirida y heredada, junto con el capital social asociado, posiciona a las personas en mercados matrimoniales muy concretos (Blackwell, 1998). El análisis descriptivo que presentamos a continuación ofrece una primera aproximación empírica a estas cuestiones en el contexto español.
3. Datos y metodología
Para examinar la homogamia educativa en España teniendo en cuenta el nivel educativo de los progenitores, hemos utilizado la Encuesta de Características Esenciales de la Población y la Vivienda (ECEPOV) del INE. Esta encuesta, realizada entre 2021 y 2022 y publicada en 2023, recogió información de 424.493 personas organizadas en 172.444 hogares. La ECEPOV es representativa de la población española, utilizando factores de ponderación. De todas las personas entrevistadas, hemos seleccionado a aquellas entre 25 y 44 años que estaban emparejadas (convivían) en el momento de la encuesta con una persona de distinto sexo. La muestra final es de 45.087 personas: 24.810 mujeres y 20.277 hombres. La diferencia en el número de casos entre hombres y mujeres se debe principalmente a que las mujeres tienden a emparejarse a una edad más temprana que los hombres. El estudio se centra en personas que han formado parejas con personas de distinto sexo, que representan el 98 por ciento del total de parejas en esta franja de edad. Limitar el análisis a parejas jóvenes responde principalmente a dos criterios: minimizar el sesgo asociado a la disolución diferencial de uniones según el nivel educativo y garantizar que las parejas se hayan formado en un contexto histórico relativamente homogéneo, reduciendo así la heterogeneidad entre cohortes.
De cada una de las más de 45.000 personas seleccionadas, hemos recopilado su edad, sexo, su nivel educativo y el de su pareja, así como el nivel educativo del padre, la madre, el suegro y la suegra. Consideramos a todas las parejas, casadas y cohabitantes, dado que la cohabitación tiene cada vez más un estatus similar al matrimonio en países europeos y que los patrones de homogamia no difieren sustancialmente entre ambas formas de unión. Hemos clasificado el nivel educativo en dos grupos: con y sin estudios superiores. Asimismo, hemos clasificado el nivel educativo de los progenitores (padres y suegros) en tres grupos: ambos con estudios superiores, solo un progenitor con estudios superiores, o ninguno. En los casos en que solo se dispone de información sobre uno de los progenitores o suegros, si este tiene estudios superiores se clasifica en la categoría “uno”, y si no los tiene, en “ninguno”. No distinguimos entre si es el padre o la madre quien posee estudios superiores, dado que los análisis preliminares no mostraron diferencias significativas según este criterio. No distinguimos tampoco por lugar de nacimiento debido a la insuficiente representación de la población nacida en el extranjero para replicar el análisis por origen, aunque somos conscientes de que los patrones difieren sustancialmente entre grupos. Dentro de la franja de 25 a 44 años no diferenciamos por edad, dado que la variación en los patrones es escasa, aunque los resultados están estandarizados por edad para evitar sesgos asociados a su distribución desigual en la muestra.
Desde un punto de vista analítico, uno de los principales retos del estudio de la homogamia consiste en distinguir entre el rol de las preferencias individuales y el de las estructuras de oportunidad (Blossfeld, 2009). Existen diversas estrategias metodológicas para abordar esta cuestión, como los modelos log lineales u otros enfoques multivariantes que permiten aislar efectos estructurales. Sin embargo, dada la naturaleza y extensión de este trabajo, optamos por una aproximación descriptiva basada en porcentajes y distribuciones. Somos conscientes de que varios de los patrones observados reflejan, en parte, la estructura del mercado matrimonial, es decir, la distribución de la población por nivel educativo y origen social. Con todo, nuestro objetivo no es descomponer estos efectos, sino describir qué tipos de parejas se están formando en España y cómo se articulan la educación adquirida y el origen social en este proceso.
El cuadro 1 presenta información sobre la muestra y las características de la población analizada, desagregadas por grupos de edad quinquenales y sexo. La proporción de mujeres emparejadas es superior a la de los hombres en todas las edades, aunque esta diferencia se reduce notablemente en los grupos de mayor edad. Asimismo, la proporción de mujeres con estudios superiores es sistemáticamente más alta que la de los hombres, con diferencias que superan los diez puntos porcentuales en todos los grupos de edad. Entre la población en unión, la proporción de personas con estudios universitarios es, en las cohortes más jóvenes, inferior a la observada en el conjunto de la población de esa misma edad, lo que refleja que quienes se emparejan antes tienen, en promedio, un nivel educativo inferior. En este grupo, la brecha educativa entre hombres y mujeres se mantiene. El cuadro 1 también muestra la distribución del nivel educativo de padres y suegros según el nivel educativo de la población en unión, diferenciando por sexo y edad. Cuando hombres y mujeres en pareja tienen estudios superiores, es más probable que tanto sus padres como sus suegros también los tengan. Además, la proporción de padres con estudios superiores es mayor entre los hombres que entre las mujeres, un patrón coherente con las diferencias de género observadas en el acceso a la educación en generaciones anteriores. Sobre esta base descriptiva, el análisis que sigue examina los patrones de homogamia educativa en función del origen social.
«Cuando hombres y mujeres en pareja tienen estudios superiores, es más probable que tanto sus padres como sus suegros también los tengan»

4. Resultados
El gráfico 1 muestra el porcentaje de hombres y mujeres de 25 a 44 años en unión emparejados con una persona con estudios superiores, según su propio nivel educativo. Los resultados ponen de manifiesto que el nivel educativo es determinante: tanto hombres como mujeres con estudios superiores presentan una mayor proporción de parejas con el mismo nivel educativo. Sin embargo, se observa una clara brecha de género: en todos los casos, la proporción de personas cuya pareja tiene estudios superiores es mayor entre los hombres. Así, alrededor del 75 por ciento de los hombres universitarios están emparejados con mujeres del mismo nivel, frente a aproximadamente el 50 por ciento de las mujeres universitarias, lo que supone una diferencia cercana a los 25 puntos porcentuales. Este patrón refleja la asimetría estructural del mercado matrimonial: dado que las mujeres universitarias superan en número a los hombres universitarios, una parte de ellas se empareja necesariamente con hombres de menor nivel educativo, mientras que los hombres sin estudios superiores tienen más probabilidades de emparejarse con mujeres universitarias.

El gráfico 2 muestra la proporción de hombres y mujeres de 25 a 44 años en unión con una pareja con estudios superiores, en función de su propio nivel educativo y del nivel educativo de sus padres. Se confirma, en primer lugar, que el nivel educativo individual es determinante: las personas con estudios superiores presentan, en todos los casos, una mayor frecuencia de emparejamiento con universitarios. Sin embargo, el origen familiar introduce diferencias adicionales: a medida que aumenta el número de progenitores con estudios superiores, crece de forma sistemática la proporción de personas emparejadas con universitarios, con independencia del propio nivel educativo. Asimismo, se mantienen las diferencias de género ya observadas, con los hombres presentando en todos los casos una mayor proporción de parejas universitarias que las mujeres.

El efecto del origen social es consistente en ambos sexos, aunque más intenso entre las mujeres. Entre los hombres universitarios, la homogamia alcanza su nivel más alto cuando ambos progenitores tienen estudios superiores (en torno al 80 por ciento), aunque la diferencia respecto a quienes no tienen padres universitarios es relativamente moderada. Entre las mujeres, en cambio, la influencia del origen educativo es más acusada: las universitarias con padres universitarios presentan niveles de homogamia cercanos al 75 por ciento, similares a los de los hombres, mientras que entre aquellas cuyos padres no tienen estudios superiores la proporción cae por debajo del 50 por ciento, situándose más de 25 puntos porcentuales por debajo de la de los hombres en la misma situación.
«El efecto del origen social es consistente en ambos sexos, aunque más intenso entre las mujeres»
El gráfico 3 profundiza en la relación entre el origen social y el emparejamiento al mostrar la proporción de personas en unión cuya pareja con estudios superiores procede también de un entorno educativo elevado —es decir, cuyos suegros tienen estudios universitarios—, según el nivel educativo de sus propios progenitores. El gráfico distingue además entre personas sin estudios superiores (panel superior) y con estudios superiores (panel inferior). El patrón es claro: a medida que aumenta el número de progenitores con estudios superiores, crece la probabilidad de emparejarse no solo con una persona universitaria, sino con alguien de origen educativo igualmente elevado. Este gradiente se observa tanto entre hombres como entre mujeres y es especialmente acusado cuando ambos progenitores son universitarios.

Este patrón apunta a una acumulación intergeneracional del capital educativo en la formación de parejas: los emparejamientos entre individuos que concentran capital educativo en ambas generaciones son significativamente más frecuentes entre quienes también tienen padres universitarios. Aunque las diferencias de género persisten, el resultado más relevante es la fuerte asociación entre origen educativo familiar y tipo de emparejamiento, lo que sugiere que la homogamia no opera únicamente a nivel individual, sino también en el familiar.
El patrón se mantiene con claridad independientemente del nivel educativo propio. Incluso entre quienes no tienen estudios superiores (panel superior), el origen social introduce diferencias significativas: quienes proceden de familias más educadas presentan una mayor proporción de parejas universitarias cuyo origen familiar también es universitario. Entre quienes sí cuentan con estudios superiores (panel inferior), este patrón se intensifica y revela una elevada concentración de emparejamientos entre individuos con alto capital educativo en ambas generaciones.
Conclusiones
Este trabajo confirma que la homogamia educativa sigue siendo un eje central en la formación de parejas en España y pone de manifiesto que esta depende también del nivel educativo de las familias de origen. A partir de los datos de la ECEPOV, se constata que, a igual nivel educativo, las personas con progenitores universitarios presentan una mayor propensión a emparejarse con personas del mismo nivel, y que este efecto es especialmente acusado entre las mujeres.
En primer lugar, los resultados corroboran la centralidad del nivel educativo en la elección de pareja: las personas con estudios superiores tienden a emparejarse con otras del mismo nivel. Sin embargo, esta tendencia no es simétrica por sexo. Los hombres presentan sistemáticamente una mayor proporción de parejas universitarias que las mujeres, en línea con la brecha de género en la estructura educativa y la literatura previa (De Hauw et al., 2017). Dado que las mujeres han superado a los hombres en niveles de formación, no todas pueden emparejarse con hombres de igual nivel educativo, lo que contribuye, como se observa en el gráfico 1, a la persistencia de la hipogamia femenina.
Junto a este patrón, la principal contribución de este estudio es destacar la importancia del origen social. Cuando los padres tienen estudios superiores, es más frecuente que las parejas de sus hijos e hijas también lo tengan. Este patrón se observa en hombres y mujeres, y tanto entre quienes tienen estudios universitarios como entre quienes no. No obstante, es más acusado entre las mujeres: entre las universitarias de primera generación —cuyos padres no tienen estudios superiores—, es menor la proporción que se empareja con universitarios. Este resultado es consistente con la literatura que señala que el estatus familiar pesa más en las hijas que en los hijos (Blackwell, 1998). Incluso entre quienes no tienen estudios universitarios, el origen familiar parece facilitar el emparejamiento “hacia arriba”, lo que sugiere que los recursos asociados al capital educativo familiar —redes sociales, expectativas, capital cultural y contextos de socialización— influyen en las trayectorias de emparejamiento.
«En un contexto de expansión educativa como el español, el origen social sigue siendo un elemento determinante en la estructuración del mercado matrimonial»
Además, los resultados muestran que esta asociación no se limita al nivel educativo de la pareja, sino que se extiende también al de sus familias. Las personas con padres universitarios se emparejan con mayor frecuencia con individuos cuyos progenitores (los suegros) también tienen estudios superiores, lo que apunta a una acumulación intergeneracional del capital educativo. Este fenómeno sugiere que la homogamia educativa opera no solo a nivel individual, sino también familiar, reforzando así los mecanismos de reproducción social y el mantenimiento de fronteras entre grupos.
En conjunto, los resultados indican que, en un contexto de expansión educativa como el español, el origen social sigue siendo un elemento determinante en la estructuración del mercado matrimonial. Lejos de diluirse, las diferencias por origen social parecen reconfigurarse y persistir a través de la formación de parejas. Así, la combinación de educación adquirida y heredada contribuye a consolidar espacios sociales relativamente homogéneos, donde las oportunidades de emparejamiento —y, en última instancia, de reproducción social— siguen estando desigualmente distribuidas. En sociedades formalmente abiertas como la española, nuestros resultados sugieren que el origen familiar sigue siendo un factor determinante en la formación de parejas.
Bibliografía
Bernardi, F., y Ballarino, G. (Eds.). (2016). Education, Occupation and Social Origin: A Comparative Analysis of the Transmission of Socio-Economic Inequalities. Edward Elgar Publishing.
Blackwell, D. L. (1998). Marital Homogamy in the United States: The Influence of Individual and Paternal Education. Social Science Research, 27(2), 159-188.
Blossfeld, H.-P. (2009). Educational Assortative Marriage in Comparative Perspective. Annual Review of Sociology, 35(1), 513-530.
Carabaña, J. (1983). Homogamia y movilidad social, Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 21, 61-81.
De Hauw, Y., Grow, A., y Van Bavel, J. (2017). The Reversed Gender Gap in Education and Assortative Mating in Europe. European Journal of Population, 33(4), 445-474.
Esteve, A., y Cortina, C. (2006). Changes in educational assortative mating in contemporary Spain. Demographic Research, 14, 405-428.
Kalmijn, M. (1998). Intermarriage and Homogamy: Causes, Patterns, Trends. Annual Review of Sociology, 24(1), 395-421.
López-Rodríguez, F., y Gutiérrez, R. (2023). Vuelco educativo y reducción de la homogamia: Un análisis por cohortes de la formación de parejas en España. Revista Internacional de Sociología, 81(2), e230. 
Notas
* Centre d’Estudis Demogràfics y Universitat Autònoma de Barcelona (CED-CERCA) (rtrias@ced.uab.es).
** Centre d’Estudis Demogràfics y Universitat Autònoma de Barcelona (CED-CERCA) (aesteve@ced.uab.es).
