Las economías avanzadas están registrando un fuerte aumento del coste de su deuda como consecuencia de dos factores simultáneos. Por un lado, vencen las emisiones que se colocaron originalmente a tipos de interés muy bajos o incluso cercanos a cero; por otro, los bonos que las sustituyen se emiten a tipos significativamente más elevados. España, por ejemplo, pasará de pagar unos 40.000 millones de euros en intereses en 2025 a cerca de 60.000 millones en 2030. Este incremento del coste de la deuda reducirá el margen de maniobra de los Estados y los obligará a optar entre aumentar la presión fiscal o recortar otras partidas presupuestarias.
