La llegada de población inmigrante a España –principal receptor de la UE en términos relativos– aporta un aparente alivio a nuestros desequilibrios demográficos, pero una mirada más detallada a factores como su edad, el tipo de hogares que forman o su permanencia en nuestro país, entre otros, muestra que solo el volumen de llegadas no garantiza soluciones y plantea la necesidad de una mayor planificación de la política migratoria.
