La formación profesional de grado medio sigue creciendo, pero no a costa del Bachillerato
Fecha: septiembre 2026
El dato
Las cifras más recientes revelan que la matrícula en la formación profesional de grado medio, esto es, los Ciclos Formativos de Grado Medio (CFGM), en su modalidad presencial, representó en el curso 2024-2025 el 37,1% de la matrícula conjunta de Bachillerato y CFGM, la cifra más alta en las últimas dos décadas, muy por encima del 25,5%, correspondiente a 2002-2003 (gráfico 1).

Este crecimiento se desarrolló en dos fases claramente diferenciadas. La primera, que se prolongó hasta el curso 2014-2015, se caracterizó por una reducción del 2,5% en la matrícula de Bachillerato (-16.000 estu-diantes), ampliamente compensada por un crecimiento del 48,6% en la de CFGM (+109.000 estudiantes). La segunda fase, iniciada un par de cursos después, fue el resultado de un exiguo aumento de la matrícula de Bachillerato entre los cursos 2016-2017 y 2024-2025 (+5,6%; + 36.000 estudiantes) y un avance apreciable en la de CFGM (+ 22,7%; + 74.000 estudiantes).
El máximo actual resulta especialmente llamativo entre los estudiantes varones, con un 42,5% (29,7% en 2002-2003), si bien el crecimiento también se manifiesta en las estudiantes, cuyo 31,6% supera con holgura el dato inicial (21,8% en 2002-2003).
El contexto
Datos de esta naturaleza suelen ser recibidos con cierta satisfacción en la discusión pública sobre la educa-ción en España, en la que es habitual lamentar la insuficiente presencia de la formación profesional frente a la vía de educación general (el Bachillerato) o la de los estudios universitarios. Es frecuente que se interprete como síntoma de que las preferencias de familias y estudiantes están, por fin, cambiando, en favor de la formación profesional y, por implicación, en detrimento del Bachillerato. ¿Responde esta lectura a la realidad?
Para poder dar respuesta a este interrogante, y a falta de encuestas recientes, conviene diferenciar la evo-lución de la matrícula de CFGM y Bachillerato por edades, pues revela tipos de comportamientos y de decisiones muy variados.
Por lo que respecta a la matrícula de Bachillerato, parece claro que desde, aproximadamente, el curso 2008-2009 se registra un crecimiento paulatino de la cifra de estudiantes en las edades típicas de dicha enseñanza (16 y 17 años), crecimiento que se acelera desde 2015-2016. En ese momento se intensifica la caída en las cifras de estudiantes en edades que implicarían retraso en los estudios (18 y 19 años, o 20 o más) (gráfico 2).

Con respecto a la matrícula en CFGM, hay dos fases aún más claras según la edad de los estudiantes, correspondientes, aproximadamente, a las dos fases de incremento del peso de la formación profesional ya mencionadas.
La primera fase de expansión obedece, muy claramente, al aumento de la matrícula de los estudiantes de 20 años o más, cuyo número ya había crecido entre 2002-2003 y 2008-2009 (de unos 60.000 a unos 80.000 estudiantes), y que experimentó un ascenso meteórico hasta 2014-2015, alcanzando un máximo superior a los 170.000 matriculados. En el resto de los tramos de edad apenas se observan cambios netos significati-vos, aunque, con altibajos, la matrícula en las edades que deberían ser las típicas de esta etapa (16 y 17 años) era incluso inferior en 2013-2014 (51.600 alumnos) a la de diez cursos antes (61.900).
Por el contrario, la segunda fase de expansión presenta un patrón completamente distinto. La matrícula de estudiantes mayores (de 20 años o más) cayó acusadamente desde 2014-2015 (-57.000, una reducción del 33%), mientras que creció muy notablemente la matrícula a los 16 o 17 años, en casi 100.000 estudiantes, llegando prácticamente a duplicarse (crecimiento del 180%). También ha sido apreciable el aumento de la matrícula a los 18 años, con un aumento de 25.000 estudiantes, equivalente a un 43%.

El efecto conjunto de las cifras de Bachillerato y de CFGM por edades se recoge en el gráfico 4, que pre-senta el porcentaje que supone la matrícula en CFGM sobre la suma de ambas enseñanzas.
Por lo pronto, cabe señalar que, pese a la caída en las cifras de estudiantes de CFGM de 20 años o más en la última década, su peso relativo en ese tramo de edad ha crecido continuamente desde el comienzo de la serie. Más interesante resulta, sin embargo, que al estancamiento o caída en los porcentajes del resto de las edades observable entre 2008-2009 y 2014-2015 le ha seguido un ascenso claro desde 2015-2016. Este incremento es muy notorio en las edades de 18 y 19 años, pero no especialmente relevante, pues se debe, sobre todo, a la caída en la matrícula de Bachillerato en esas edades, que, en realidad, refleja un ingreso más temprano en esa rama de enseñanza y, por tanto, un menor retraso en los estudios y mayores tasas de éxito en ese nivel de enseñanza.
Es más relevante lo ocurrido en las edades de 16 y 17 años, las inmediatamente posteriores a la finalización de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO). A los 16 años se pasó de un mínimo del 4,4% en 2013-2014 a un máximo actual del 15,2%. A los 17 años se pasó de un mínimo del 14% al máximo actual del 24,5%. Estas mejoras se deben a crecimientos en las cifras absolutas de matrícula en CFGM superiores a los registrados por las de Bachillerato en la última década (véanse los gráficos 2 y 3).

Es decir, la evolución de la matrícula en Bachillerato y CFGM por edades en las dos últimas décadas apunta a que en la primera fase de impulso de los CFGM, el aumento de su peso se debió, casi exclusivamente, al retorno al sistema de enseñanza de no pocos estudiantes (de edad “avanzada”) que lo habían abandonado tempranamente (probablemente con un título de Graduado en ESO, pues de lo contrario, el acceso a un Ciclo Medio no era fácil) y que intentaban mejorar sus perspectivas laborales en medio de la profunda crisis económica iniciada hacia 2007/2008. En esa primera fase no estaba nada claro que la formación profesional se hubiera vuelto más atractiva que el Bachillerato para los recién graduados en ESO.
Sin embargo, en la segunda fase sí podría tener sentido la hipótesis de un mayor atractivo relativo de la for-mación profesional. No obstante, como se expone a continuación, los datos sugieren que el mayor peso de la formación profesional no implica una pérdida de atractivo de la vía de la educación general, el Bachillerato, que conduce más directamente a la educación universitaria.
Para comprobarlo basta con examinar las tasas de escolarización en Bachillerato y en CFGM en las edades inmediatamente posteriores a la educación obligatoria, los 16 y los 17 años, y que se recogen en el gráfico 5. En él se observa cómo aumentaron las tasas de escolarización en Bachillerato en coincidencia aproximada con los años de la crisis y cómo, después, se han estabilizado en niveles máximos1. Esta estabilización de las tasas de escolarización en Bachillerato coincide con el alza en las de CFGM: la correspondiente a los 16 años ha pasado del 3,1% en 2015-2016 al 9,8% actual; la de los 17 años ha crecido desde el 10,1% al 18,7%. Es decir, lo que ha ocurrido es un aumento de la escolarización en educación secundaria superior protagonizado por los CFGM, pero no a costa del Bachillerato, cuyas tasas no han caído.
Para comprobarlo basta con examinar las tasas de escolarización en Bachillerato y en CFGM en las edades inmediatamente posteriores a la educación obligatoria, los 16 y los 17 años, y que se recogen en el gráfico 5. En él se observa cómo aumentaron las tasas de escolarización en Bachillerato en coincidencia aproximada con los años de la crisis y cómo, después, se han estabilizado en niveles máximos1. Esta estabilización de las tasas de escolarización en Bachillerato coincide con el alza en las de CFGM: la correspondiente a los 16 años ha pasado del 3,1% en 2015-2016 al 9,8% actual; la de los 17 años ha crecido desde el 10,1% al 18,7%. Es decir, lo que ha ocurrido es un aumento de la escolarización en educación secundaria superior protagonizado por los CFGM, pero no a costa del Bachillerato, cuyas tasas no han caído.

Ese incremento es el resultado lógico del aumento de las tasas de idoneidad a los 15 años (el porcentaje de matriculados en el curso que les corresponde por edad) experimentado desde el inicio de la Gran Recesión, hacia 2007/2008 (gráfico 6); es decir, cuanto menos retraso acumulado por las sucesivas cohortes, más probable es que culminen con éxito la enseñanza obligatoria y que continúen estudiando, Bachillerato o CFGM. En 2006-2007 dicha tasa se situó en un mínimo del 57,4%, tras haber caído desde el máximo del 64,6% de 1998-1999, resultado, probablemente, del creciente coste de oportunidad de seguir estudiando para no pocos adolescentes que se vieron tentados por un mercado de trabajo en gran expansión, con empleos bien remunerados incluso para jóvenes con apenas cualificaciones formales. El desplome de la economía y del empleo de la Gran Recesión empujó a muchos de ellos a seguir estudiando, confluyendo en una tendencia al alza que solo se ha detenido en el último lustro largo.

El volumen “extra” de estudiantes que han logrado finalizar la enseñanza obligatoria2 debe proceder, por tanto, de los niveles académicos más bajos. De forma coherente con el comportamiento de sus pares en las décadas anteriores, cabe pensar que habrán estado más propensos que el alumno medio a matricularse en formación profesional, la vía tradicional de los menos dispuestos académicamente. Esta vía les estaba antes vedada, pues para acceder a ella era necesario el título de Graduado en ESO, requisito que solo se ha suavizado en la última década.
Esta relajación de los requisitos para ingresar en un CFGM también puede haber impulsado al alza la escolari-zación en la formación profesional. Desde el curso 2014-2015, con la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) en marcha, hay más vías de acceso sin ese título. Cabe hacerlo habiendo superado los dos cursos de la nueva Formación Profesional Básica (FPB, hoy denominada Ciclos Formativos de Grado Básico) y se ha rebajado de 19 a 17 años la edad mínima para presentarse a la prueba de acceso a CFGM o para llevar a cabo el curso de acceso específico. Los efectos de la FPB son relativamente claros en términos de facilitar el acceso a los CFGM, como puso de manifiesto la Encuesta de transición educativo-formativa e inserción laboral (ETEFIL) de 20193. Además, la rebaja de la edad a los 17 años también ha podido influir en una mayor probabilidad de que los no titulados en ESO se hayan planteado más tempranamente cursar CFGM.
En realidad, podría decirse que hemos vuelto a la casilla de salida en lo relativo al acceso al primer nivel de la formación profesional tras la educación obligatoria. En el sistema de enseñanza anterior a la Ley de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE), de 1990, el basado en la Ley General de Educación de 1970, podían matricularse en Formación Profesional de primer grado (FPI) tanto los que habían obtenido el título de Graduado Escolar como quienes, simplemente, habían completado la escolarización obligatoria hasta los 14 años. De hecho, los no graduados que no eligieran bachillerato (BUP) debían matricularse en formación profesional, aunque la obligación no fue eficaz y muchos no lo hacían. En un marco, al igual que el actual, de fácil acceso al primer nivel de la formación profesional, su peso en la matrícula era llamativamente similar al de hoy en día. Por ejemplo, en el curso 1990-1991, el del inicio de la implementación de la LOGSE, la matrícula en los dos cursos de FPI (474.579 alumnos) representó el 36,5% de la suma de FPI y los dos pri-meros cursos de BUP (824.430)4, cifra muy similar a la equivalente del curso 2024-2025 (37,1%). Que, entre medias, el peso de la formación profesional cayera a niveles claramente más bajos se debió, probablemente, a la elevada barrera de entrada que erigió la LOGSE y mantuvieron legislaciones subsiguientes, al establecer como requisito el contar con el título de Graduado en ESO. Esta elevada barrera explica una buena parte del abandono escolar, en torno a entre un 25 y un 30% de las cohortes correspondientes durante no pocos años, con la consiguiente merma de los efectivos potenciales de la formación profesional.
Implicaciones
Cabría interpretar positivamente la mayor propensión de adolescentes y jóvenes a cursar formación profe-sional. Sería así no tanto porque implique cambios en la valoración social relativa de las vías académica (y universitaria) y la profesional, sino por ser el resultado de mayores tasas de escolarización en edades en las que no hace tanto tiempo abundaba lo que solía denominarse “fracaso escolar”, esto es, el abandono del sistema educativo sin haber obtenido el título acreditativo de haber cursado con éxito la enseñanza obligato-ria. La interpretación positiva también se apoyaría en una mayor facilidad para a cursar estudios de formación profesional de grado superior, en los que hoy se puede ingresar con un título de CFGM.
Sin embargo, el horizonte es menos luminoso si lo divisamos, en lugar de desde la perspectiva no de la matriculación, desde la de los resultados más inmediatos, esto es, la titulación. Como se comprueba en el gráfico 7, el peso de los titulados en CFGM sobre el conjunto de titulados en Bachillerato y CFGM no ha crecido tanto como el peso de los CFGM en la matrícula. En ambas categorías representaba cerca del 25% en 2002-2003. A la altura del último curso comparable (2023-2024), el peso en la matrícula (36,9%) era claramente superior al peso en la titulación (31,1%), de lo que se desprende que los resultados, así medidos, de los CFGM son “peores” que los del Bachillerato.

Grosso modo es así, y puede comprobarse, a título de ejemplo, en tres cursos seleccionados y espaciados a lo largo de toda la serie temporal. El porcentaje de titulados en Bachillerato sobre los matriculados en primero el curso anterior, una medida gruesa de rendimiento, siempre ha sido superior a la cifra correspondiente a los CFGM, como se comprueba en el cuadro 1. Lo interesante es que ese rendimiento parece haberse movido claramente al alza en Bachillerato desde el curso 2003-2004 hasta el curso 2023-2024 (del 63,3% al 83,1%). Esta tendencia no se observa con la misma claridad en el caso de los CFGM, con un “rendimiento” del 55,7% en 2003-2004 y del 58,8% en 2023-2024.
Grosso modo es así, y puede comprobarse, a título de ejemplo, en tres cursos seleccionados y espaciados a lo largo de toda la serie temporal. El porcentaje de titulados en Bachillerato sobre los matriculados en primero el curso anterior, una medida gruesa de rendimiento, siempre ha sido superior a la cifra correspondiente a los CFGM, como se comprueba en el cuadro 1. Lo interesante es que ese rendimiento parece haberse movido claramente al alza en Bachillerato desde el curso 2003-2004 hasta el curso 2023-2024 (del 63,3% al 83,1%). Esta tendencia no se observa con la misma claridad en el caso de los CFGM, con un “rendimiento” del 55,7% en 2003-2004 y del 58,8% en 2023-2024.
Con todo, las cifras actuales suponen mejoras significativas respecto a momentos de rendimiento claramente inferior, como el de 2013-2014 (48,5%), lo que insinuaría una tendencia a la mejora. Todavía son cifras muy inferiores a las del Bachillerato, pero quizá están detrás de la suave tendencia ascendente del peso de los titulados en CFGM que se insinúa desde 2017-2018 (gráfico 7). Si esta tendencia se mantiene, la conclusión sería notablemente más positiva de la que el análisis actual permite transmitir.

Detrás del dato
Los CFGM son un nivel de enseñanza postobligatorio al que se accede tras haber cursado la ESO. Se originan en la LOGSE, que requería, en lo fundamental, la titulación de Graduado en ESO para poder acceder a CFGM. Hoy se puede acceder con ese título, el de Formación Profesional Básica o el de Bachiller, pero también sin esas titulaciones, principalmente pasando una prueba de acceso o un curso de preparación específico.
El dato de partida de esta nota es simplemente el porcentaje que representa la matrícula en CFGM en la suma de CFGM y Bachillerato, los dos niveles tradicionalmente considerados como Educación Secundaria Superior, que no hay que confundir con la actual “Segunda etapa de educación secundaria y similar” de la actual Clasificación Nacional de Educación de 2014, que incluye no solo la relativamente nueva Formación Profesional Básica (FPB), sino incluso el cuarto curso de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO). Se trata de un indicador aproximado, habitual en la discusión pública, de la propensión a elegir formación profesional y no generalista que, como se hace en el texto, hay que matizar y contextualizar.
El uso de un indicador “tradicional” de educación secundaria superior tiene sentido según la orientación principal de esta nota, la de entender si han cambiado las preferencias de los estudiantes y sus familias al acabar la enseñanza obligatoria. En este sentido, es evidente la exclusión de las cifras de 4º de la ESO. La exclusión de la FPB se justifica por dos razones. Primero, porque aun siendo la matrícula en FPB muy reducida, alteraría la continuidad de las series. Segundo, y como razón más sustantiva, porque la FPB se constituyó, por así decirlo, como herencia de las anteriores vías que ofrecían una escolarización secundaria de remedio a quienes no conseguían ir avanzando por la vía normal de la Educación Secundaria Obligatoria, los Programas de Cualificación Profesional Inicial y su antecedente, los Programas de Garantía Social. Esto es, las vías “residuales” para los alumnos con el máximo de dificultades para proseguir la vía académica habitual.
En el texto solo se considera la matrícula presencial, sin tener en cuenta los CFGM o el Bachillerato cursa-dos a distancia. Admitimos la relevancia, sobre todo, de los CFGM a distancia, cuya matrícula en el curso 2024-2025 ascendió a 60.781 estudiantes, todavía lejos de la matrícula en modalidad presencial (401.485 estudiantes). Sin embargo, estos estudios apenas son relevantes para responder la pregunta inicial, referida a las preferencias de los estudiantes que acaban la enseñanza obligatoria (y las familias de estos) por una vía más académica o por una vía más profesional. La formación profesional a distancia tiene más que ver con edades más avanzadas, con el reciclaje profesional y con la compatibilización del trabajo con los estudios, y menos con las opciones de enseñanza postobligatoria que se abren ante los adolescentes.
Las series de datos utilizadas comienzan en 2002-2003, un curso en el que está consolidado con claridad el nuevo sistema educativo que surge a partir de la LOGSE de 1990, que tardó una década en implementarse por completo.
El indicador de “rendimiento” del cuadro 1 es solo aproximado, pues divide los titulados entre los matricula-dos en primero (de Bachillerato o de CFGM) el curso anterior. En puridad, debería seguir con precisión a la cohorte de primer ingreso en el primer curso, comprobando su situación de titulación al concluir el segundo curso o en momentos ulteriores. Sin embargo, no es posible calcularlo con las cifras oficiales disponibles.
Notas
- La ligera caída en la tasa de escolarización a los 17 años puede ser, incluso, indicio de éxito en los estudios, pues reflejaría una mayor escolarización en estudios superiores.
- La tasa bruta de graduación en ESO (número de titulados de cualquier edad dividido por la población en edad de titular) ha pasado del 69% de 2006-2007 al 82,1% de 2023-2024, el máximo desde 1999-2000 si excluimos los cursos anómalos de la pandemia y de los años siguientes. Fuente: Estadísticas de las Enseñanzas no universitarias (Ministerio de Educación).
- Rodríguez, J. C. (2021). La matrícula en Formación Profesional y la edad de los matriculados, segunda ronda. En M. T. Valdés, M. A. Sancho Gargallo y M. de Esteban Villar, Indicadores comentados sobre el sistema educativo español 2021 (pp. 61-66). Funda-ción Ramón Areces / Fundación Europea Sociedad y Educación.
- Fuente: Ministerio de Educación y Ciencia (1993). Estadística de la Enseñanza en España. Niveles de Prescolar, General Básica y EE. Medias. Ministerio de Educación y Ciencia.
