La conciliación de la vida familiar y laboral en hombres y mujeres: datos recientes de la EPA
Fecha: 6 de julio de 2026
Este breve análisis de los datos del último módulo de “Conciliación de la vida laboral y la familiar” de la EPA refleja, ante todo, que la conciliación sigue descansando más en las madres que en los padres, incluso en un contexto de convergencia normativa en el acceso a los permisos de maternidad o paternidad. Entre los ocupados con responsabilidades de cuidado, la mayoría declara no haber cambiado nada en su trabajo por tener hijos, pero la ausencia de cambios es más frecuente entre los padres que entre las madres. Cuando sí los hay, estas destacan bastante más por la reducción del tiempo de trabajo. Por su parte, aunque el uso de permisos por nacimiento se ha igualado entre los padres y las madres, persiste una asimetría clara en su duración (mucho mayor en las madres) y en el recurso a excedencias (más frecuente también en ellas).
El segundo resultado principal es que el recurso a servicios profesionales de cuidado infantil ha aumentado en el conjunto de la población con hijos, pero el incremento no se ha concentrado en los ocupados, sino que lo ha hecho, sobre todo, en los parados y los inactivos. En 2025 recurre a esos servicios el 20 % de los ocupados, frente al 15 % de los parados y el 11 % de los inactivos, pero lo más llamativo es la evolución: entre 2010 y 2025 el uso apenas varía entre los ocupados, pero sí en parados e inactivos. Esto sugiere, por una parte, que las guarderías y otros cuidados profesionales ya no funcionan solo como un medio para compatibilizar empleo y familia, sino también como un recurso más generalizado de socialización y educación infantil, impulsado por la expansión de la oferta y por una normalización cultural de su uso. Y/o, por otra parte, algo mucho más básico, que los criterios de asignación de plazas priman a las familias con menos renta.
Los resultados reflejan una sociedad que ha avanzado en la institucionalización de la conciliación, pero sigue organizada sobre la base de una gran centralidad de la familia y de una división de roles por sexos, aunque menos acusada que en el pasado. De hecho, entre quienes no utilizan servicios profesionales de cuidado, la razón principal no es su coste, sino la preferencia por organizar el cuidado por sí mismos o con la pareja, seguida de la ayuda de abuelos, parientes o amigos, lo que confirma esa centralidad de la familia. Que el uso de servicios profesionales de cuidados apenas haya cambiado entre los ocupados en las dos últimas décadas y que España se sitúe entre los países europeos con una menor penetración de estos servicios apunta, por otro lado, a un régimen de políticas públicas familiares no especialmente generoso y que apenas ha experimentado cambios en los últimos lustros.

