Los nacimientos de madres inmigrantes en España disminuyeron un 10% entre 2009 y 2024

ESTUDIO | LOS LÍMITES DE LA INMIGRACIÓN PARA EL AJUSTE DEMOGRÁFICO EN ESPAÑA

Los nacimientos de madres inmigrantes en España disminuyeron un 10% entre 2009 y 2024

Fecha: 12 mayo 2026

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  • La población inmigrante de 55 años o más creció un 42% entre 2021 y 2025, frente al 25% del grupo de 20 a 54 años
  • La inmigración ha sostenido el crecimiento poblacional y amortiguado el envejecimiento, pero no corrige las tendencias de fondo del desequilibrio demográfico español
  • A largo plazo, el modelo exigiría flujos crecientes de inmigración procedentes de países que también envejecen y cuyos excedentes demográficos disminuyen

Madrid, 12/05/2026 | El número de hijos por mujer de las mujeres inmigrantes residentes en España se redujo un 32% entre 2009 y 2024, en apenas 15 años, de modo que, a pesar del importante crecimiento en el número de mujeres en edad fértil, los nacimientos de madre inmigrante disminuyeron en un 10%. Por otra parte, entre 2021 y 2025, la población inmigrante de 55 años o más creció un 42%, frente al 25% del grupo de 20 a 54 años. En 2025, el porcentaje de inmigrantes de 55 años o más alcanzó el 22% (dos millones de personas). El estudio Los límites de la inmigración para el ajuste demográfico en España, presentado hoy por Funcas, sostiene que la inmigración no constituye una solución duradera al desajuste demográfico español, sino que solo retrasa las consecuencias que tendrán el envejecimiento y la caída de la natalidad. La estrategia de mantenimiento demográfico ha funcionado razonablemente bien en el corto plazo, señala el informe, pero no es sostenible en el largo plazo.

“La inmigración ha permitido sostener el crecimiento poblacional y amortiguar el envejecimiento, pero lo ha hecho mediante un mecanismo que requiere flujos continuos y crecientes, pierde eficacia con el tiempo y no corrige las tendencias de fondo del desequilibrio demográfico”, ha explicado María Miyar, directora de Estudios Sociales de Funcas, para quien “reconocer los límites del modelo no implica negar los efectos positivos de la inmigración, sino situarla en el lugar que le corresponde en el análisis de políticas públicas”. “El cortoplacismo que domina el debate público sobre los beneficios de la inmigración no ha permitido el análisis de las consecuencias a largo plazo y ha favorecido la ausencia de una estrategia demográfica explícita”, ha señalado Héctor Cebolla, investigador de Funcas.

La evidencia presentada en el trabajo, elaborado por Héctor Cebolla y María Miyar, obliga a incorporar dimensiones que suelen quedar fuera del foco, como la dependencia de flujos crecientes, la rápida convergencia de comportamientos reproductivos, el envejecimiento del propio stock inmigrante y la desigualdad territorial en la distribución de sus efectos.

España es el principal receptor de inmigración de Europa en términos relativos, y el segundo en términos absolutos, solo por detrás de Alemania. Entre 2013 y 2023 absorbió el 16% de la inmigración llegada al continente. Con todo, su capacidad de retener a los inmigrantes es limitada. A pesar de que entre 2002 y 2024 entraron casi 15 millones de personas, la población solo aumentó en siete millones. Desde 2021, la tasa de retención española (la relación entre el aumento de la población y el volumen de entradas) se situó en el 51%, una de las más bajas de Europa. Es decir, España atrae inmigrantes con eficacia, pero no retiene con la misma intensidad, lo que obliga a mantener altos flujos de entrada para sostener una población que se renueva constantemente. Sostener este modelo exigiría flujos crecientes e ininterrumpidos, con un perfil de edad cada vez más difícil de garantizar, procedentes de países que también envejecen y cuyos excedentes demográficos se reducen.

En cuanto a la fecundidad, el estudio constata que, aunque la inmigración ha aumentado el número de mujeres en edad fértil, no ha contribuido a aumentar el número de hijos por mujer. Los hogares inmigrantes convergen rápidamente, en una sola generación, con los patrones reproductivos de la población autóctona por lo que el efecto rejuvenecedor que aporta la inmigración tiene fecha de caducidad.

El freno que la inmigración pone al envejecimiento también presenta limitaciones. Por un lado, la población nacida en el extranjero ya no es una población joven, sino menos envejecida que la autóctona, y esa brecha se reduce con el tiempo a medida que las cohortes llegadas entre 2000 y 2008 -hoy entre 40 y 55 años- avanzan hacia la jubilación. En términos absolutos, el incremento de población inmigrante de 55 años o más entre 2021 y 2025 (42%) supone que se sumaron a la población española más de 615.000 personas de esa edad -cifra equivalente a la población de Málaga-, una dinámica que anticipa mayor presión sobre los sistemas de salud y dependencia.

Además, la edad a la que llegan los inmigrantes a España añade una segunda limitación. España se sitúa entre los países de la UE con mayor peso relativo de llegadas en edades avanzadas, solo por detrás de Estonia, Chipre, Bulgaria y Letonia. En 2024, solo el 13% de los nuevos residentes tenía menos de 15 años, mientras que el 18% tenía 55 años o más.

Por último, el estudio se refiere a la paradoja geográfica. La inmigración y su segunda generación rejuvenecen más los territorios que ya crecen y dejan sin corrección aquellos donde el envejecimiento es más severo. Se trata de un desajuste que responde a la lógica económica de la migración. Los efectos atenuadores más altos se concentran en La Rioja, Cataluña y Baleares, con índices de envejecimiento moderados. Asturias, Galicia y Castilla y León, las comunidades más envejecidas, presentan efectos mucho más limitados.

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