La maternidad en solitario gana peso entre las madres más jóvenes y, sobre todo, las de mayor edad

NOTAS DE COYUNTURA SOCIAL | MAYO 2026

La maternidad en solitario gana peso entre las madres más jóvenes y, sobre todo, las de mayor edad

Fecha: 7 mayo 2026

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  • El porcentaje de nacimientos registrado sin datos del padre alcanzó en 2024 el 3,3% de los nacidos vivos de madres nacidas en España -7.014 nacimientos de un total de 212.191- frente al 1,2% de 2007
  • Entre las madres de 44 años crece del 3,6% al 7,6% y entre las de 45 o más se triplica (del 4,6% al 14,9%)
  • El fenómeno sigue siendo minoritario, pero su evolución apunta a un cambio de perfil, pasando de concentrarse en edades jóvenes a hacerlo en mujeres en edades reproductivas avanzadas

Madrid, 07/05/2026 | Entre 2007 y 2024 el porcentaje de nacimientos en España sin datos del padre sobre el total de nacimientos aumentó entre las madres de todas las edades, aunque los incrementos más intensos se concentran en las madres más jóvenes y las de edad más avanzada. La última Nota de Coyuntura Social, editada por Funcas, apunta, con datos del Movimiento Natural de la Población del INE, que el 3,3% de los nacidos vivos de madres nacidas en España en 2024 se registró sin datos del padre -7.014 nacimientos de un total de 212.191- frente al 1,2% en 2007.

En las edades maternales más avanzadas, el aumento es muy claro, especialmente a partir de la segunda mitad de la treintena y, con más intensidad, entre las mujeres de 40 años o más. A los 44 años, por ejemplo, el porcentaje se ha duplicado, del 3,6% en 2007 al 7,6% en 2024. Entre las madres de 45 años o más se ha triplicado, al pasar del 4,6% al 14,9%.

En términos generales, pueden observarse tres situaciones distintas asociadas a la maternidad en la que no hay datos del padre en el registro. La primera correspondería a madres muy jóvenes, mayoritariamente con embarazos no planificados, quizá vinculados a relaciones de pareja breves y con escasas perspectivas de continuidad. La segunda situación incluye a madres de edad relativamente avanzada, o incluso claramente avanzada, que culminan su deseo de tener hijos sin una pareja masculina, a menudo mediante técnicas de reproducción asistida, por motivos laborales o por la ausencia de una pareja idónea con la que formar una familia. Una variante de este perfil sería la de mujeres más jóvenes que, anticipando un recorrido semejante, deciden adelantar la maternidad en solitario. La tercera situación corresponde a la de mujeres emparejadas con otra mujer. Este caso explica parte de los nacimientos de madres casadas que no incluyen datos del padre, puesto que están casadas con otra mujer.

“Las distintas formas de maternidad en solitario pueden entenderse como parte o consecuencia de transformaciones sociales más amplias, como unas trayectorias formativas y profesionales más largas, el retraso de la convivencia en pareja y las mayores dificultades para encontrar una pareja considerada adecuada para un proyecto reproductivo. A ello se suma un contexto cultural e institucional más favorable que en el pasado, en el que el estigma asociado a la madre soltera se ha reducido notablemente”, explica Juan Carlos Rodríguez, investigador de la dirección de Estudios Sociales de Funcas.

Otra forma de observar esos cambios consiste en comparar las tasas de fecundidad por edad de la madre, distinguiendo entre nacimientos “con padre” y “sin datos del padre”, lo que permite apreciar mejor la magnitud del cambio. La comparación de las curvas de fecundidad de los nacimientos “con padre” entre 2007 y 2024 coincide en lo esencial con lo que es sabido sobre la evolución general de la fecundidad. Las dos curvas tienen una forma similar, pero la de 2024 está desplazada hacia edades más tardías, alcanza un máximo inferior al de 2007 y cubre una superficie menor, reflejo de que el Indicador Coyuntural de Fecundidad ha caído. Sin embargo, en lo que respecta a los nacimientos “sin datos del padre”, la transformación de las curvas es mucho más acusada, apuntando a que ha pasado de reflejar un fenómeno ligado a nacimientos no planificados en edades jóvenes a uno más protagonizado por mujeres en edades más avanzadas y por propia elección.

Llama la atención que, si bien la fecundidad aumenta en las edades avanzadas tanto en la fecundidad “con padre” como en la de “sin padre”, el aumento relativo es claramente superior en el segundo caso. A los 40 años, por ejemplo, la fecundidad “con padre” crece alrededor de dos tercios, de 19,7 a 32,8 nacidos vivos por mil mujeres. A esa misma edad, la fecundidad “sin datos del padre” casi se quintuplica, al pasar de 0,32 a 1,45 por mil. Es decir, aunque sigue siendo una forma de maternidad menos frecuente e incluso minoritaria, su protagonismo en las edades reproductivas avanzadas es creciente.

Funcas concluye que “si bien la ampliación de opciones añade diversidad al paisaje familiar y ofrece alternativas a quienes desean tener hijos, no significa que sea una solución ni que pueda confiarse en ella la recuperación de la fecundidad. La maternidad en solitario es una elección legítima y viable para algunas mujeres, pero no deja de requerir recursos, redes de apoyo y condiciones materiales que no tienen por qué abundar”.

El análisis y la discusión pública de la realidad social exigen el conocimiento de sus dimensiones cuantitativas. Sobre esta premisa se basan las «Notas de Coyuntura Social», publicación de Funcas que aborda temas de actualidad utilizando evidencia estadística reciente. El objetivo de estas Notas consiste en presentar datos contrastables que permitan dimensionar los problemas sociales y fundamentar argumentos para la reflexión y el debate público responsable.

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